CAMINOS SANJUANISTAS

Escudo San Juan de la Cruz
Loseta incrustada en el acerado para indicar el camino Sanjuanista (Villanueva del Arzobispo)


Bienvenidas y bienvenidos a LOS CAMINOS DE SAN JUAN DE LA CRUZ. Ojalá que este espacio te ayude a descubrir una perspectiva poco conocida del místico, santo y doctor de la Iglesia Católica, patrón de los poetas de lengua española y pertinaz andariego: sus infinitos trasiegos.


Las páginas que se esconden tras esta presentación, no pretenden exaltar la figura de San Juan de la Cruz, no al menos, desde sus facetas más conocidas y valoradas. Este espacio, y su contenido, tratarán esencialmente de mostrar los interminables recorridos que el frailecico realizó por tierras jiennenses, lugar por donde andorreó la mayor parte de los 20.000 km que realizó en sus desplazamientos por Andalucía1, con una mirada no excluyente a otros lugares de Murcia o Castilla, promocionando esa magnífica y saludable actividad humana como es caminar. Reza el consolidado eslogan, acertadamente, que Jaén es un PARAÍSO INTERIOR, nuestro personaje, el fraile andariego, es la excusa perfecta, el pretexto para dar sentido al camino, para mostrar ese Paraíso, ya que él hizo mucho camino y por muchos lugares.


Fuente de la gallega
Fuente de la gallega o de San Juan de la Cruz. Camino del contadero (La Carolina)

La pretensión fundamental de estas páginas, es recorrer y describir los trasiegos que el Santo realizó, para fortuna nuestra, por la provincia de Jaén, luego ya veremos si le seguimos la pista por otros derroteros. Quien quiera escrutar otras perspectivas, le recomiendo encarecidamente indagar por los numerosos espacios especializados, algunos de ellos sobresalientes, con abundante y excelente documentación, tanto en la red como en papel, donde se tratan diferentes aspectos de este especial y polifacético personaje, su biografía, su obra poética, su misión fundacional, su misticismo, sus acontecimientos extraordinarios que fueron elevados a milagros por la Iglesia católica, su relación con otro singular personaje coetáneo, Santa Teresa de Jesús, y lo que personalmente más me atrae de él, su cariz humano y su afán reformista.


Desde hace un tiempo, el primum movens que caracterizan mis ratos de ocio, están estrechamente ligados a combinar actividad física y conocimiento, la una me lleva a la otra y viceversa. Ya inicié este periplo hace algunos años con la creación de un espacio personal, EL COCHE DE SAN FERNANDO (por cierto, muy abandonado). Ahora la meta, aún siendo más de lo mismo, posee diferentes matices. Todo lo expuesto en adelante podría haber encajado perfectamente en el anterior, sin embargo, el personaje, su trascendencia, y sobre todo que sea el Patrón del lugar donde uno nace y crece, una figura familiar, cercana y con el que me vi envuelto en diferentes menesteres en más de una ocasión, le hacen merecer, por mi parte, este espacio singular.


Iglesia de La Carolina
La Carolina. Iglesia parroquial donde estuvo ubicado el convento de La Peñuela

Aunque el camino es el eje fundamental del presente trabajo, he necesitado consultar adicionalmente bastante documentación con el fin de intentar ser lo más fiel posible al mismo. La literatura existente sobre San Juan de la Cruz es infinita y sus biografías numerosas dada la trascendencia del personaje. Aunque la documentación menos abundante es la perspectiva caminera, no ha sido muy difícil trazar los andorreos que siguió el santo, aunque fueron tantos y tan frecuentes que, quién se atrevió a calcular los kilómetros que recorrió en su vida, con toda probabilidad se quedó escaso.


El autor en la ermita
El autor en la ermita de La Peñuela (La Carolina)

Ese no parar es lo que me llevó a la zaga de su huella, pues la vida es el camino y viajar y andar de aquí para allá no precisa necesariamente un destino, andar es, al fin y al cabo, abrir caminos. Con la idea rondando desde hace mucho tiempo y contagiado por la iniciativa de los Carmelitas descalzos de Caravaca de la Cruz, me he metido en este descabellado trajín personal. Pero claro, inevitablemente en mi caso, la mente acompaña permanentemente a las piernas, y mientras esa circunstancia siga produciéndose (espero que sea duradera), no puedo esquivar contar las sensaciones del camino. El batiburrillo que se produce en mi cabeza, mezcla de lo vivido con lo leído y documentado, producen, con mayor o menor fortuna, una novelación del andorreo realizado. Lo que a priori me pareció una tarea sencilla se fue complicando poco a poco ante la necesidad de documentar lo más acertadamente los itinerarios. Una vez definidos, había que recorrerlos para estar seguro que estaban libres para transitar, buscar alternativas que no desvirtuaran el camino, encontrar soluciones razonables a lo que hoy conocemos como excursionismo o senderismo, con el fin de que otros se puedan beneficiar y recorrer aquellos ancestrales itinerarios.


Seguro que la vorágine por contar la experiencia y el mogollón de papeles leídos, me llevará a cometer más de una imprecisión. Sepa el lector perdonármelo, y si lo considera, espero su apreciación en forma de comentario, que la corrección o mejora será consecuente.



Cuando todo estuvo más o menos planificado y diseñado, cuando el proyecto quedó definido y listo para su desarrollo, no terminaba de poder desligarlo de otro gran camino que, por contaminación personal, enmascaraba la presente iniciativa, dado el amplio éxito y difusión que ha tenido en pocos años: el Camino de Santiago. Lo primero que asalta a la mente son sus similitudes, caminos nacidos al amparo del fervor religioso, siguiendo las huellas de la fe cristiana. Sin embargo, tras reflexionar lo andado y explorado, puedo concluir que, aunque ambos caminos son esencialmente espirituales y muchas personas, al realizarlos, buscarán una mirada interior, existen claros contrastes y matices entre ambos; para mi propio entendimiento y para los que quieran comprobarlo, mencionaré algunos que, con el desarrollo y entusiasmo de la tarea, se me han ido definiendo.


  • Los caminos de San Juan de la Cruz que proponemos, son caminos realizados por su protagonista, sin un destino concreto o a muchos, según se vea. El fraile hizo innumerables kilómetros por la geografía peninsular llevado por sus objetivos reformadores y fundacionales, por tanto, el recorrido, es a la zaga de su huella. Y no tiene un solo final, pues aunque falleció circunstancialmente en Úbeda, por costumbres de la época que hoy nos parecen aberrantes, sus restos se hallan dispersos por múltiples lugares. Los caminos de Santiago, por el contrario, tienen un claro destino, llevan a un inequívoco final a donde dirigirse desde numerosos lugares.
  • La consecuencia de lo anterior es que, mientras que a quién recorre el camino de Santiago y se dirige por cualquier trayecto a la tumba del apóstol suele denominársele peregrino (el que visita un lugar, generalmente religioso o espiritual), los que sigan los caminos de San Juan de la Cruz irán de allá para acá, pararán en muchos lugares pero ninguno será un destino definitivo (salvo que nos lo propongamos conscientemente), por lo que se ajusta mucho más la acepción de andariego (que anda mucho, en especial si lo hace porque le gusta, que anda de una parte a otra sin parar en ninguna).
  • Los caminos a Santiago son, generalmente, caminos de ida; los caminos de San Juan de la Cruz son todos de ida y vuelta (incluido el último).
  • Los caminos a Santiago están muy bien equipados, definidos los tramos y turísticamente promocionados; los caminos de San Juan de la Cruz son una aventura en sí mismos, son un motivo para hacer viajes y visitas por lugares impensables.

CAMINO SANJUANISTA CAMINO DE SANTIAGO
El VIAJE es el foco El DESTINO es la meta
Sigue la HUELLA Conduce a una TUMBA
Quién lo hace es ANDARIEGO Quién lo hace es PEREGRINO
MULTIDIRECCIONAL.
Camino de IDA y VUELTA
UNIDIRECCIONAL.
Camino solo de IDA
AVENTURA y descubrimiento Buena Infraestructura.
Bien EQUIPADO

Esta aventura la iniciamos en la provincia de Jaén. Aunque en Andalucía pasó buena parte de su vida dedicada a la obra que compartía con Santa Teresa, es Jaén donde pisa por primera vez Andalucía, donde tiene su primer destino, donde le suceden la mayoría de experiencias vitales, por donde más trasiegos realiza y donde encuentra la paz terrenal (en La Peñuela) y espiritual (en Úbeda). La experiencia jiennense del fraile merece comenzar a definirse en esta tierra en lo referente a sus andanzas por Andalucía. Jaén, la gran olvidada para tantas cosas, reclama y merece el protagonismo de enseñar su PARAÍSO INTERIOR de la mano de un abulense universal, el frailecico de La Peñuela, que tan bien se sentía en nuestra tierra.


Iglesia de San Miguel
Iglesia y convento carmelita de San Miguel, donde vino a sanar y finalmente murió (Úbeda)

LA NOMENCLATURA

Me he permitido definir los Caminos de San Juan de la Cruz, coincidiendo con otros compañeros de viaje, como CAMINO SANJUANISTA, es una opción personal y en absoluto vinculante. Así aparecerán nombrados los recorridos en el servidor donde se encuentran alojados.

Respecto a las personas que realicen este camino, he explicado con anterioridad que, siguiendo la tradición carmelita, utilizaremos el vocablo ANDARIEGO/A, ya que se ajusta más a nuestras pretensiones camineras (que anda de una parte a otra sin parar en ninguna).

A la hora de definir los trazados e itinerarios, más comúnmente conocidos por rutas, me inclino por una palabra a la que le tengo mucho aprecio, es un tesoro de nuestra lengua, y viene al pelo de lo que tenemos entre manos: ANDORREO o ANDURREO, y por tanto, la action y su desarrollo será ANDORREAR o ANDURREAR.

A los dos primeros andorreos descritos y desarrollados, no he podido resistirme a titularlos, ya que definen esencialmente su evolución. El primero, el largo camino de la ilusión y la esperanza, desde La Peñuela al convento de El Calvario, lo he llamado CAMINO DE LLEGADA A ANDALUCÍA, es el primer contacto con tierra extraña para un castellano, un largo andorreo por la cornisa norte de la provincia de Jaén que pondrá en contacto Sierra Morena con la Sierra de Segura y Las Villas a través de un ancestral camino por donde igualmente deambularon íberos, romanos, cartagineses, moros, cristianos, liberales, absolutistas, trashumantes, cargado de historia y actualmente bastante olvidado. El segundo, el amargo camino de la enfermedad y del abatimiento, también desde La Peñuela, pero con un destino, Úbeda, que aunque elegido, poco deseado, lo he llamado CAMINO DE LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE, ya que es el último camino físico y consciente que recorre (tras su muerte, se le conocen, dos caminos más, el de la bilocación en La Peñuela, justo en el momento de fallecer, y el del robo del cadáver y traslado a Segovia, con probable desarrollo narrativo en El Quijote).


Placa conmemorativa
Placa conmemorativa del lugar donde falleció San Juan de la Cruz (Convento de San Miguel. Úbeda)

Para el primer andorreo, la ruta de la llegada a Andalucía, he propuesto trayectos no demasiado dilatados, para poder realizarlos en media jornada y compaginarlos, si se quiere, con visitas a lugares interesantes de las localidades por las que pasamos. Estas, en la descripción, se relacionan como DERIVACIONES y la nomenclatura quedaría R (ruta) E (etapa) D (derivación). Finalmente, con el fin de no dejar al margen lugares significativos o por constituir por sí mismos, itinerarios alternativos con bastantes posibilidades de que por ellos transitara San Juan de la Cruz, apoyados en referencias documentales, propongo algunas VARIANTES que, sin desvirtuar el itinerario principal, alcanzaran el punto destino por un lugar alternativo. La nomenclatura en este caso quedaría como R (ruta) E (etapa) V (variante).


LOS TRAYECTOS

Se ofrecen, de cada etapa, enlaces directos al servidor donde se encuentran alojados. Ni que decir tiene que solo representan una ayuda a la planificación de cada etapa, pero antes de realizarla se deben contrastar por si las condiciones han cambiado (caminos cortados, zonas inundables, riesgos estacionales, existencia de ganado, etc.).

Están desarrollados de manera unidireccional con el origen o punto de inicio en La Peñuela (La Carolina). En caso de hacerlos en otro sentido, es recomendable revertirlo y pasarlo por un analizador del perfil con el fin de contrastar especialmente los desniveles acumulados, ya que puede haber grandes variaciones que pueden repercutir en la planificación de la marcha.

Han sido tomados personalmente en diferentes momentos, aunque es posible que alguno pueda contener errores aparentes, no de itinerario, sino de diferentes velocidades o no contemplar tiempos de marcha. Ello es debido a que, algún recorrido se realizó de forma mixta, caminando y en bicicleta, al unirlos aporta datos aparentemente erróneos. Otros, se hicieron en sentido contrario, y al revertirlos, los programas analizadores los reconocen como dibujados.


LAS ETAPAS

Se propone una distribución de etapas asequible para cualquier andariego. La mayoría se encuentran en el rango de los quince a veinte kilómetros, lo que puede llevar una mañana para su realización de una manera tranquila, pudiendo organizar la tarde, si se quiere, en actividades alternativas. No obstante, aquel andariego que lo desee, tiene la posibilidad de acortar el andorreo uniendo dos o más etapas, resultando el itinerario, por tanto, más exigente.


Recreación de la celda
Recreación de la celda de San Juan de la Cruz en el convento de San Miguel (Úbeda)

ESTACIONALIDAD

Es un factor importante y a tener muy en cuenta en este camino. Generalmente el verano es la época del año donde más tiempo libre tenemos para realizar este tipo de actividades, sin embargo, por estas latitudes, moverse a determinadas horas del día puede ser penoso e incluso peligroso para la salud. Por ello, desaconsejo encarecidamente realizar el Camino de San Juan de la Cruz en el estío, a menos que iniciemos la jornada muy temprano y elijamos la opción de etapas cortas, estando pronto a buen recaudo. La canícula es un factor muy traicionero, especialmente si el andariego no es oriundo. La mejor época para realizar esta aventura va desde el otoño tardío hasta la entrada de la primavera, incluyendo el invierno que, aunque de clima continental, en días soleados, el desplazamiento se hace bastante soportable. La primera época del otoño y la primavera que anuncia la llegada del verano puede ser muy cambiante, aunque cada vez, con más frecuencia, asistimos a mañanas frescas con mucho calor en las horas centrales del día. A tener también en cuenta son las tormentas que no son infrecuentes por la comarca de El Condado, donde escasean los lugares donde guarecerse y los caminos se encuentran atravesados por abundantes arroyos y torrentes, habitualmente secos, pero con crecidas importantes y rápidas en caso de precipitación abundante.

Sirva pues este espacio como una ayuda y apoyo al andariego. Se agradecerán comentarios, sensaciones y dificultades surgidas que se pueden dejar en este o en el servidor donde se encuentran alojados los trayectos. Los dos andorreos propuestos por ahora, más el desarrollado por los Carmelitas de Caravaca que atraviesa la Sierra de Segura desde Caravaca de la Cruz a Beas de Segura y viceversa, dan sobradamente para empezar a conocer lugares de este PARAÍSO INTERIOR, escondidos entre el olivar que no cesa de la provincia de Jaén. Además de joyas renacentistas archiconocidas, como Úbeda o Baeza, descubriremos lugares por donde hace tiempo no pasa nada o poca cosa, donde la gente vive rodeada de maravillas naturales o arquitectónicas que quedan lejos de todo. El Santo andariego nos llevará en su trasiego por caminos y sendas ancestrales olvidadas o reconvertidas en caminos agrícolas o ganaderos. Cruzaremos puentes sobrios que han estado ahí durante siglos, actualmente con poco uso, algunos rehabilitados en aras de conservar el patrimonio que nuestros antepasados usaron en su beneficio. Rozaremos cortijos señoriales donde ya no vive nadie, pero con solo contemplarlos nos dará idea de la vida que tuvo aquello, incluso aldeas perdidas donde la gente, harta de la dura vida que suponía entonces la supervivencia, abandonó totalmente para irse lejos buscando algo mejor.

Conforme vaya completando itinerarios, se irán describiendo como nuevas entradas, desconozco si tendrá fin, y si seré capaz de acabar la tarea, pero, al menos, me queda la certeza del comienzo.


¡BUEN ANDORREO!



1 Caminos andaluces de San Juan de la Cruz. López Fé, CM. Ed. Miriam. Sevilla 2001


R1D3 CASTELLAR. SANTUARIO ÍBERO DE LA CUEVA DE LA LOBERA





LA CUEVA DE LA LOBERA. HUELLAS SAGRADAS ANCESTRALES EN EL CAMINO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

A poco más de un kilómetro de Castellar, en plena comarca de El Condado, emerge un farallón rocoso imponente. Cualquiera que pase por allí podría pensar que es solo una bonita alineación de abrigos en la piedra, pero se equivocaría por completo. Estamos ante el Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera, un auténtico imán espiritual que acumula más de 2.300 años de historia.

Abrigo de Cueva Lobera

Lo que impresiona de este techo de roca natural es cómo domina el paisaje circundante. Los íberos no eligieron este punto al azar; lo buscaron a conciencia por su cercanía a manantiales antiguos como la Fuente del Caño y la del Cotillo. Para ellos, los lugares donde el agua brotaba de la tierra no eran simples fuentes, sino portales sagrados. Lo curioso es que la visera de roca no esconde una caverna profunda y oscura, sino que forma una terraza completamente abierta al entorno. Esto permitía algo muy lógico para sus rituales y reuniones: que todo se hiciera de cara al paisaje y bajo la luz del sol.


El santuario tenía un diseño monumental y muy bien pensado a base de terrazas conectadas por rampas y escaleras. Justo en frente de la cueva estaba la primera terraza, conocida como el Thesaurus, que venía a ser el lugar principal donde los fieles se aglomeraban para dejar la gran mayoría de sus ofrendas. Si bajabas un nivel, en la segunda terraza, se abría un espacio de culto secundario donde los arqueólogos encontraron un tesoro de lo más delicado: pequeñas laminillas de oro. Un paso más abajo quedaba la tercera terraza, que servía para el tránsito y la liturgia, y finalmente se llegaba a la cuarta, la más baja y desgastada. En esta última zona estaba la fundición. Allí mismo se fabricaban los exvotos, sosteniendo una especie de economía sagrada para los peregrinos que venían de camino.


Un punto clave en el mapa de Cástulo

La Lobera no era un templo aislado en mitad de la nada; funcionaba como un santuario territorial de referencia en el Alto Guadalquivir. Era un hito que la poderosa ciudad de Cástulo supo capitalizar muy bien, utilizándolo como marcador de frontera y como un símbolo de control político sobre las rutas comerciales que conectaban la Alta Andalucía con el Levante.


El recorrido en el tiempo de este rincón es fascinante y demuestra cómo los seres humanos llevamos milenios buscando los mismos puntos exactos para conectar con lo trascendente. Ya desde la Edad del Bronce hay constancia de los primeros cultos y depósitos aprovechando la magia natural del agua y las rocas. Hacia el siglo IV a.C., en pleno esplendor íbero, el sitio se transformó en el complejo organizado bajo la órbita de Cástulo que delimitaba sus dominios frente a otros pueblos. Incluso cuando llegaron los romanos entre los siglos I y II d.C., el santuario resistió y se adaptó: el área de culto se recogió hacia el entorno más inmediato de la cueva mientras los caminos de alrededor se iban convirtiendo en la Vía Augusta. Lo hermoso de toda esta evolución es que permitió que las creencias íberas quedaran, por así decirlo, "fosilizadas" en los objetos de bronce que hoy rescata la arqueología.


El verdadero alma del rito eran los exvotos. Hablamos de esas pequeñas figuras de bronce que los íberos ofrecían a sus dioses para pedir favores o dar las gracias por la salud, la fertilidad o la protección. Funcionaban como mensajeros o mediadores físicos de una plegaria. Por la zona se les conoce cariñosamente como "muñecos" o "mingos" cuando la gente se los tropezaba en el campo. Al mirarlos de cerca descubres un reflejo de una sociedad profundamente espiritual: hay guerreros, jinetes, mujeres embarazadas y orantes con grandes tocados. Cada estatuilla era, en el fondo, un retrato simbólico del propio devoto.


Fiestas, banquetes y la magia del sol.

A la Lobera no se iba solo a rezar en silencio; era un nodo de movilidad ritual al que acudían poblaciones de distintos oppida o ciudades fortificadas. En fechas señaladas el santuario se ponía de fiesta y se transformaba en un bullicioso centro de reunión social y política. La actividad de los peregrinos se movía en varios ejes: por un lado estaban las peticiones individuales o familiares y los ritos de paso que marcaban los ciclos vitales. Por otro, se organizaban grandes banquetes festivos. Lo sabemos porque el suelo ha dejado un rastro evidente de huesos de animales y un repertorio de platos, copas y jarras con las decoraciones típicas que se estilaban en Cástulo. Al final, juntar a tanta gente servía para divertirse, pero también para reforzar la identidad del grupo y dejar claro quién mandaba en la frontera.


Para meter a cientos de personas en una pendiente natural, los íberos tuvieron que "urbanizar" el terreno. El sistema de terrazas ganaba espacio llano e incluía conjuntos de casas que probablemente servían para preparar los rituales o dar servicios a los visitantes. Todo el diseño arquitectónico estaba pensado para guiarte a través de muros y estructuras en un camino muy claro hacia la cueva principal. Además, la ubicación era una genialidad de ingeniería territorial, ya que desde allí arriba se controlaba visualmente el Camino del Arrecife. Esta ruta era vital para conectar con Mentesa (en Villanueva de la Fuente, Ciudad Real) y con Libisosa (Lezuza, Albacete). La importancia de este sendero íbero está más que demostrada gracias a los Vasos de Vicarello y a los miliarios romanos que confirman que fue el precursor directo de la Vía Augusta.


Por si fuera poco, el santuario esconde un secreto que parece sacado de una película de Indiana Jones. Los investigadores descubrieron que fue diseñado siguiendo una hierofanía solar, es decir, una manifestación de lo sagrado a través de la luz. En momentos clave del año, como los equinoccios, los rayos del sol entran con una inclinación tan perfecta que iluminan de forma directa zonas específicas del abrigo rocoso destinadas a los rituales más importantes. El sol no solo alumbraba; validaba el rito.


Hoy en día, la Cueva de la Lobera sigue siendo un paraje sobrecogedor donde el pasado y el presente se tocan. Hay quien sigue dejando pequeñas ofrendas de frutas o flores en el interior como testimonio de que la magia del lugar se niega a morir. Desafortunadamente, también ha sido una de las zonas más castigadas por los buscadores de tesoros ilegales. Cuidar este santuario es vital, porque es una ventana única a la espiritualidad y a la organización de nuestros antepasados.



LA RUTA

Ficha Técnica del Recorrido

Longitud: 2.300 metros.

Tipo: Longitudinal.

Dificultad: Fácil.

Desnivel +: 44 m.

Desnivel -: 50 m.

Altitud: Min 760 m / Máx 698 m.

Tiempo estimado: 1 horas.

Época recomendada: Invierno, primavera y otoño.

Si el andorrero se anima a conocerla, la aproximación desde Castellar se divide en tres partes bien diferenciadas: un tramo urbano, un recorrido por el Paseo de la Virgen de la Consolación y el sendero rural definitivo.


El paseo empieza cruzando el conjunto histórico de la villa. Es una oportunidad perfecta para fijarse en las casas señoriales y en la arquitectura renacentista del pueblo. Puedes arrancar desde cualquier punto, pero una buena idea es salir de la Plaza de España y meterte en la Avenida de Andalucía, que es el eje vertebrador de Castellar. En un momento vas a encontrar un montón de rincones admirables. La calle está repleta de fachadas señoriales con amplios ventanales y balconadas por las que da gusto caminar embobado.


Castellar. Avenida de Andalucía

Pronto vas a divisar un torreón. Es la torre del homenaje, el último resto del castillo de Pallares que dio nombre a la población. Dentro se aloja el museo de arte íbero y el centro de interpretación de la Cueva Lobera. Es una visita obligada, ya sea antes de subir para entender lo que vas a ver, o al volver para terminar de encajar las piezas.



Justo en frente de la torre te topas con la impresionante iglesia-colegiata de Santiago, que data del siglo XVII, en plena Plaza de la Constitución, donde una dama íbera te saluda al pasar. Al cruzar la plaza sigues por la calle señorial para ir dejando atrás el casco urbano.

Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (fachada principal)

Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (detalle de Santiago matamoros)


Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (patio interior)


Es ahí donde desembocas en el Paseo de la Virgen de la Consolación, un tramo de transición ideal hacia el campo. El paseo hace honor a su nombre: es cómodo, sombreado y funciona muy bien para ir desconectando del tumulto del pueblo mientras buscas la serenidad del santuario.

Castellar. Paseo de la Consolación (fuente megalítica)

Poco después de rebasar una almazara, vas a ver a la derecha el sendero hacia la Cueva de la Lobera. Este tramo rural es bellísimo. Es un sendero que camina en paralelo a la carretera de El Condado, metido entre vegetación mediterránea. Al final, el camino te termina dejando en una de las terrazas artificiales de las que hablábamos antes. Desde ese punto, solo queda ascender buscando el farallón rocoso, entretenerse descubriendo sus numerosas oquedades y, sencillamente, disfrutar del entorno.

Abrigo de Cueva Lobera








Aviso: Las últimas informaciones indican que el recinto se encuentra vallado. Por eso, no está de más que te informes antes en el Ayuntamiento o en el Museo para saber exactamente cómo está el acceso y organizar bien tu visita.

R1D2 SANTISTEBAN DEL PUERTO. RUTA PERIURBANA







SANTISTEBAN DEL PUERTO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI: EL ECO MÍSTICO DE SANTA TERESA Y SAN JUAN DE LA CRUZ.

Hay momentos en la historia en los que los caminos de la tierra se cruzan con los del espíritu. Durante la segunda mitad del siglo XVI, los agrestes paisajes de la comarca de El Condado, en Jaén, fueron testigos del paso de dos de las mentes más brillantes y elevadas de la cultura y la espiritualidad española de la época: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. En sus viajes de fundación y reforma de la orden del Carmelo, sus plantas hollaron el suelo de Santisteban del Puerto, una villa que por entonces latía al compás de un siglo de luces, sombras y profundas transformaciones sociales.


Santisteban del Puerto no es un pueblo cualquiera de Jaén. Situado en la comarca de El Condado, el municipio descansa sobre un paisaje de tierras rojizas y olivos, custodiando un legado histórico y cultural tan profundo que es capaz de conectar la era de los dinosaurios con el esplendor señorial de la España medieval y moderna. Su historia no se mide en siglos, sino en millones de años. Su posición geográfica lo convirtió desde siempre en un "puerto" o paso estratégico natural entre la Meseta y Andalucía.

Santisteban del Puerto. Al fondo cerro del Castillo-Oppidum

Su pasado se remonta al Jurásico, aproximadamente hace 230 millones de años, mucho antes de que los humanos aparecieran por aquí, estaba poblada por grandes reptiles. Pruebas de ello, nos han quedado en el conocido como paraje de "Las Tres Eras", 24 huellas fosilizadas de arcosaurios (ancestros de los dinosaurios), hoy declaradas Monumento Natural.


Los primeros asentamientos humanos, durante el cuarto milenio antes de nuestra era, dejaron su huella en las sierras del entorno en forma de arte rupestre esquemático, en las cuevas del Apolinario y de la Morciguilla catalogadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pinturas rupestres de la Morciguilla

El Esplendor Íbero viene de la mano de un oppidum (poblado fortificado) íbero llamado Ilurgeia que tras la conquista romana en el 192 a.C., pasa a llamarse Ilugo y obtiene el estatus de municipio bajo el emperador Adriano. En esta época, Ilugo comienza a jugar un papel predominante en las comunicaciones ya que en el lugar se desdoblaban la Vía Augusta y la Vía Cartaginesa. Durante la época visigoda, el nombre deriva a San Esteban y más tarde, durante la etapa islámica se convierte en una plaza fuerte defensiva amurallada (Sant Astiban). En 1226, el rey Fernando III el Santo la reconquista para la Corona de Castilla.


Finalmente, la villa pasa a manos de la familia Benavides, y en el siglo XV se crea el Condado de Santisteban del Puerto, que más tarde (1793) se elevaría a Ducado, vinculándose finalmente a la prestigiosa Casa de Medinaceli.


¿CÓMO ERA LA SANTISTEBAN QUE CONTEMPLARON LOS OJOS DE LOS DOS GRANDES MÍSTICOS?

En aquellos años del Renacimiento tardío, Santisteban del Puerto no era un pueblo cualquiera; era la cabeza de un importante Condado, era una villa señorial. Sus calles empedradas, en constante crecimiento, empezaban a ver florecer portadas de piedra con escudos nobiliarios y rejerías de forja, reflejo de una época en la que el orden señorial y la riqueza de la tierra dejaban su huella en la arquitectura del casco urbano. La villa se situaba de lleno en las "vereas" o cañadas ganaderas que utilizaban los pastores trashumantes de la Sierra de Segura. Este flujo constante de personas y bienes generaba una economía paralela de posadas y ventas, atrayendo con los años a funcionarios reales y recaudadores (incluido el mismísimo Miguel de Cervantes décadas más tarde).


La sociedad de la Santisteban del quinientos era un fiel reflejo de la España de Felipe II: un microcosmos rígidamente jerarquizado donde el estamento determinaba el destino de cada habitante. La nobleza local y los hidalgos la representaba una élite de familias notables que controlaba el poder político local y las mejores tierras. Vivían de las rentas y de la ganadería, y buscaban perpetuar su apellido fundando capellanías y oratorios. El clero, con una presencia abrumadora, formaban un estrato de enorme influencia. Había una fuerte distinción entre el alto clero (beneficiados de las iglesias principales) y los clérigos más humildes o los miembros de las cofradías. El grueso de la población lo componían campesinos, pastores, pequeños artesanos y arrieros. Entre ellos, una inmensa mayoría de jornaleros cuya subsistencia dependía de las cosechas de cereal y el cuidado del ganado en un entorno que podía ser tan generoso como implacable.


La vida cotidiana en el siglo XVI estaba completamente sacralizada. El calendario no lo marcaban los meses, sino los santos y las fiestas litúrgicas. En la Santisteban que conocieron Santa Teresa y San Juan de la Cruz, la vida religiosa gravitaba en torno a la monumental Iglesia prioral de Santa María del Collado, un templo erigido sobre las raíces de la historia del pueblo y epicentro de la fe local. La gran devoción de la villa —que ya contaba con siglos de arraigo a través de su antiquísima institución de la Mayordomía— era la Virgen del Collado. Junto a ella, el fervor popular se canalizaba a través de diversas cofradías (como la de las Ánimas del Purgatorio) que aseguraban el entierro y la salvación eterna de sus miembros. Santisteban no vivía aislada; era un nodo vital en las relaciones con su entorno. Su término municipal conectaba los olivares incipientes y las campiñas con las dehesas de la Sierra, esenciales para la ganadería trashumante. Mantenía una relación fluida, y a veces tensa por cuestiones de lindes y fueros, con las villas vecinas de El Condado y las ricas tierras de Úbeda y Baeza, auténticos focos renacentistas de la provincia.

Nuestra Señora del Collado

Por sus caminos no solo circulaban el grano, el aceite y el ganado, sino también las ideas. Fue precisamente esa red de caminos la que trajo a Santisteban el polvo de las alpargatas de San Juan de la Cruz en sus trayectos hacia el Calvario o Beas de Segura, y el traqueteo del carro de Santa Teresa. Este florecimiento de las rutas de comunicación y el fervor religioso propiciaron que Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz cruzaran sus caminos con los de Santisteban del Puerto en momentos cruciales de sus vidas.

Lugar donde se situó la Venta y Ermita de San Andrés

Entre febrero y mayo de 1575, la Madre Teresa viajaba desde Beas de Segura a Sevilla, tras fundar el convento segureño, primer convento de Carmelitas Descalzas de toda Andalucía. Su paso por tierras santistebanas quedó registrado explícitamente en el Libro de Recreaciones escrito por la mística María de San José, quien formaba parte de aquella comitiva. En el texto relata cómo, tras una dura jornada de viaje, el grupo tuvo que buscar refugio: "fuimos a tener la noche en una ermita de San Andrés, que está debajo de la villa de Santisteban". Esta pequeña ermita, situada junto a la venta del mismo nombre, servía de apoyo logístico y descanso antes de afrontar los exigentes caminos de la sierra. Tres años después, en otoño de 1578, Fray Juan de la Cruz llegó a la provincia de Jaén tras su agónica y célebre fuga de la cárcel de Toledo, con la salud quebrantada, enviado a Andalucía para recuperarse, siendo nombrado prior del convento de El Calvario, en el entorno de la Sierra de Segura. Su paso por Santisteban no está documentada, pero sin duda, tuvo que hacerlo necesariamente por el mismo lugar que la madre Teresa, si no descansó en la misma ermita que esta antes de afrontar el camino hacia Beas de Segura.

Construcción moderna sobre la antigua Venta de San Andrés

Vista de Santisteban del Puerto desde la venta de San Andrés

Pasear hoy por Santisteban del Puerto es, en cierta medida, hacer un viaje en el tiempo. Entre el viento que sopla en el Collado y el silencio de sus rincones antiguos, todavía parece quedar flotando un eco de aquellos versos y oraciones que los poetas de lo divino sembraron en la Jaén del siglo XVI.

LA RUTA

Ficha Técnica del Recorrido

Longitud: 7.570 metros.

Tipo: Circular.

Dificultad: Moderada.

Desnivel +: 308 m.

Desnivel -: 305 m.

Altitud: Min 661 m / Máx 803 m.

Tiempo estimado: 3 horas.

Época recomendada: Invierno, primavera y otoño.

Partimos del centro de la población, donde llegaremos más tarde, al finalizar. Bajamos buscando la carretera de Villacarrillo, pero antes visitamos el coso taurino que muestra la afición existente en la comarca. Tomamos la carretera que comunica con Las Villas y llegamos, a la salida de la población, al pilar de fuente Juanes, donde abandonaremos el asfalto por un camino acondicionado que nos alzará, poniendo a prueba nuestra forma física por los tramos en rampa que soporta, al cruce con la cañada de Úbeda, donde haremos un descanso en la apacible fuente de la Alcoba. Desde allí nos dirigimos a la primara cota del día, el cerro de la Guarida donde se encuentra una covacha, una fuente y los restos de lo que pudo ser una atalaya de vigilancia. Desde aquí se abre una fabulosa panorámica de Santisteban y desde donde apreciar el trasiego de la población.

Santisteban del Puerto. Coso taurino

Inicio de la carretera de Villacarrillo

Fuente Juanes

Camino de las cuevas

Camino de las cuevas


Cañada de Úbeda

Fuente de la Alcoba

Fuente de la Alcoba

Cerro de la Guarida. Fuente y covacha

Cerro de la Guarida. Restos de construcción fortificada

Panorámica de Santisteban del puerto desde el cerro de la Guarida

Regresamos al camino para comenzar a descender hacia la población, pasando por el túnel de la guarida. Llegamos a las primeras casa y bordeamos de punta a punta el pueblo recorriendo la calle Nueva, Buenavista, Murallas y Vista Alegre hasta salir de nuevo de la zona urbana por el lado contrario, ya en la base del cerro de San Esteban. Antes de alcanzar la cota de este cerro, visitamos la fuente del Milagro. Volvemos sobre nuestros pasos a la entrada del pueblo para enfilar las duras rampas de subida al oppidum del cerro de San Esteban, eso si, por un bonito camino adoquinado que facilita el avance a pesar de la dificultad. Una vez arriba, nos sorprende los miradores habilitados para contemplar una de las más sorprendentes panorámicas de El Condado. Recorremos la planicie en toda su extensión, hacemos un merecido descanso y comenzamos el descenso, ahora para callejear por el pueblo.

Túnel de la Guarida


Panorámica desde la calle Muralla. Destaca la torre de la Iglesia de San Esteban

Fuente del milagro

Restos del castillo

Mirador del cero del Castillo

Panorámica desde el cero del Castillo. Al fondo el cerro de la Guarida

Panorámica desde el cero del Castillo


Volvemos a la calle muralla y, por un estrecho callejón, alcanzamos la Iglesia de Santa María del Collado, un lugar para perderse contemplando los contrastes de los diversos estilos con los que se construyó a lo largo del tiempo. Dejamos la Iglesia y continuamos descendiendo por las pendientes calles hasta alcanzar la Iglesia de San Esteban. De allí nos trasladamos a la coqueta plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra la casa museo del escultor Jacinto Higueras. Buscamos el inicio de etapa continuando descendiendo, pasamos por la puerta del mercado municipal y pasamos por la plaza y fuente del héroe local, artillero Cabot. Seguimos caminando y la calle nos desemboca en la ermita del Egido y plaza de la Coronación, erigida en el lugar donde la tradición dice que se apareció la Virgen del Collado. Aquí damos por finalizado este recorrido por la población de Santisteban del Puerto, queda, si acaso, recorrer y perderse por sus callejuelas y descubrir los rincones cotidianos.

Callejón de la zona alta

Iglesia de Nuestra Señora del Collado

Iglesia de Nuestra Señora del Collado

Iglesia de San Esteban

Iglesia de San Esteban


Plaza del Ayuntamiento

Plaza del Ayuntamiento


Plaza del Ayuntamiento


Plaza y fuente del artillero Cabot

Plaza y fuente del artillero Cabot


Ermita del Egido

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