RUTA1 ETAPA 4 VARIANTE 1 (R1E4V1): ARQUILLOS - NAVAS DE SAN JUAN (POR LA ERMITA DE LA ESTRELLA)

No es fácil precisar, con absoluta seguridad, el itinerario que un viajero del siglo XVI siguió en busca de su destino. Podemos escrutar en documentos de la época fechas, incidencias, anécdotas que, con la perspectiva actual y con el conocimiento que tenemos sobre caminería, nos hagan decantarnos por uno u otro trayecto presente. A diferencia de antaño, en la actualidad ya no se viaja a pie y, por tanto, los caminos de entonces, o se han abandonado, o se han adecuado a las circunstancias de movilidad presentes. Con frecuencia, vías de comunicación ancestrales han sido aprovechadas y recicladas en modernas carreteras, sustituyendo la tierra y el polvo del camino por el duro y sólido asfalto.
Esto sucedió con el camino que hoy traemos. La variante que proponemos, y las que siguen en este andorreo, intentan ofrecer un recorrido alternativo a algunas etapas del recorrido principal, sin abandonarlo en ningún momento, con el único fin de visitar lugares o elementos que pueden interesar al andorrero por uno u otro motivo, y siempre bajo su estricta elección. En la que nos ocupa (R1E4V1), proponemos el recorrido de Arquillos a Navas de San Juan por un trayecto diferente al señalado como principal, el conocido camino de Aníbal o Vía Heráclea, y que probablemente y con toda lógica nuestro personaje seguiría. Proponemos esta alternativa, más dilatada en términos de distancia y dificultad, con el objetivo de que el andorrero que lo desee alcance el destino propuesto pasando por tres lugares de relevante significado en la comarca: el cortijo de Riego, el puente renacentista de Vandelvira y la ermita de la Virgen de la Estrella.
Ya comentamos en la descripción del trayecto principal que Arquillos —mejor dicho, la "Venta de los Arquillos", núcleo poblacional existente en la época, situado a un kilómetro al sur de la actual población, dirección Linares— era un enclave estratégico a la mitad del siglo XVI en las rutas que conectaban el centro de la Península con Andalucía, y lugar de parada y fonda obligadas para la mayoría de los viajeros que por aquí transitaban, lo cual se encuentra ampliamente documentado.1,2,3,4,5
La cercana Arquillos, localidad surgida posteriormente en los años en que despuntaron los ideales de la Ilustración, durante el reinado de Carlos III —y consecuentemente posterior al paso del frailecico por estas tierras—, será en la actualidad nuestra referencia. De allí parte un antiguo camino que más tarde se asfaltó y recientemente fue abandonado, utilizándose únicamente con fines ganaderos y para dar servicio a las fincas agrícolas de la zona. Una de ellas, por las que pasaremos muy próximos, es el cortijo de los Vaquerizones, más conocido como cortijo de Riego, lugar donde hace poco más de doscientos años fue detenido el general liberal Rafael del Riego por colonos de Arquillos, suceso que desencadenó una serie de consecuencias tanto a nivel local como nacional. Este camino tiene el inconveniente de que puede permanecer inundado en algunos tramos, en épocas de lluvias intensas y continuadas, por las aguas del embalse de Giribaile, que recoge al río Guadalimar. El camino, por su trazado y dirección actual, probablemente sea de muy antiguo diseño y uso, dirigiéndose en busca de otro importante nudo de comunicaciones en la época: el vado del río Guadalimar cerca del cortijo Ariza. En ese preciso lugar se entrelazaba este camino que conduce a la ciudad de Úbeda con la cañada ganadera de El Paso.
Y justo en ese lugar es donde, entre 1562 and 1582, se decide construir el maravilloso puente renacentista encargado a Andrés de Vandelvira, conocido actualmente como puente Ariza. Existen indicios apoyados en investigaciones de que su construcción se realizó en el mismo lugar donde había previamente un paso conocido como el "puente viejo Ariza", aprovechándose parte de esa antigua infraestructura en la construcción de la nueva obra. El puente se concibe para mejorar la comunicación para carruajes entre las prósperas ciudades renacentistas de Úbeda y Baeza, por donde pasaban los caminos reales que conectaban a la baja Andalucía con la Meseta castellana, La Mancha y el Levante peninsular. En consecuencia, hay coincidencia histórica entre el paso de nuestro protagonista con la construcción del viaducto y, si fue este el camino que eligió para dirigirse al convento de El Calvario, tuvo que ser protagonista en aquel otoño de 1578 del enorme trasiego de gentes empleadas en aquella descomunal obra para la época.
Arco central del puente
Puente renacentista de Andrés de Vandelvira. Arco central.
Por fin, llegados al puente, si el embalse de Giribaile nos lo ha permitido, cambiaremos de camino para tomar la vía pecuaria de El Paso que nos aupará al Santuario de la Virgen de la Estrella, trascental advocación comarcal y cercana a nuestro destino de etapa en la población de Navas de San Juan.
Cañada ganadera
Cañada ganadera de El Paso
LA RUTA

IMPORTANTE: Si decidimos realizar esta variante en lugar de la etapa marcada como camino preferente, es fundamental que nos informemos en Arquillos sobre el estado del embalse y la posibilidad de que alguna o varias partes del camino se encuentren inundadas. Sucede tras un año de importantes precipitaciones en las que el agua del embalse llega a cotas muy elevadas, cubriendo incluso, casi en su totalidad, el puente de Vandelvira. En el caso de que esto haya sucedido, la única manera de completar la etapa es salir en el punto indicado a la carretera que comunica Arquillos con Úbeda y, a la altura del cruce que marca el Santuario de la Estrella y Navas de San Juan, seguir las indicaciones para acceder al cordel de El Paso y a través del mismo llegar al Santuario de la Virgen de la Estrella primero y a Navas de San Juan después. Si se opta por salir a la carretera, se debe caminar con mucha precaución ya que se trata de una red viaria con elevada densidad de tráfico.
Plaza de la Iglesia de la Inmaculada
Arquillos. Plaza de la Iglesia de la Inmaculada
Partimos de Arquillos donde la plaza de la Iglesia de la Inmaculada, la plaza de Carlos III y la plaza de la Torre del Reloj aglutinan y fundamentan a la localidad y su origen. Desde ahí recorremos la larga calle del General Riego que nos dejará en las puertas del olivar que rodea la población. Continuamos por el antiguo camino de Úbeda que nos llevará junto a las faldas de la loma de los Donceles, que nos protege del sol del amanecer. Tras un buen rato caminando al amparo del olivar, confluimos con la carretera A-301. En este concreto punto o en las proximidades, es probable que se encuentre el lugar donde se bifurcaban los caminos viejo y nuevo que se dirigían a Úbeda. El primero, procedente de la Venta de los Arquillos, continuaría hacia la derecha buscando el cauce próximo del Guadalimar para cruzarlo por el puente viejo o de la barca (más tarde conocido como de los Escuderos), actualmente inundado por el embalse de Giribaile. El segundo continuaría por la izquierda, actualmente bajo el asfalto de la A-301, que será el que seguiremos en adelante y que busca cruzar el Guadalimar más al este, en el actual puente Ariza.
Plaza de la Torre del Reloj
Arquillos. Plaza de la Torre del Reloj
Nos incorporaremos, por tanto, al asfalto con la debida precaución durante aproximadamente un kilómetro. Transcurrido este, apreciamos que por la derecha se desprende un ramal con indicaciones de Finca Riego. En realidad, esta es la antigua carretera, asfaltada sobre el camino original que conducía a Úbeda antes de que se realizara la variante actual para salvar la zona inundable del embalse. Tomaremos este camino aun siendo conscientes de que, en épocas de lluvias continuadas y subida del nivel de los embalses, es posible que su tránsito sea impracticable.
Comenzaremos rodeados de olivar y pronto encontraremos una indicación por la derecha que indica "Cortijo de Riego".6 Continuamos por una larga recta en la que, a mitad de la misma, se desprende otro camino que se dirige al cortijo de la Retama. Más adelante, una ligera subida nos eleva a una meseta donde el olivar sigue siendo el protagonista; por aquí se nos cruza un camino que da servicio al cortijo de las Norias y que, si lo tomamos por la izquierda, nos devolverá a la A-301 si queremos, la cual debemos tomar inexcusablemente si el camino se encuentra inundado más adelante.
CUENTAN LOS QUE CUENTAN, Y A MÍ ME CONTARON, que allá por septiembre del año 1823, en este preciso lugar, fue donde se apresó y se puso a disposición de la justicia a Rafael del Riego, el general liberal que se rebeló e hizo jurar la Constitución al absolutista Fernando VII y que años más tarde cayó en desgracia tras la petición de ayuda que el Borbón realizó a Francia. Esta accedió enviando a los Cien Mil Hijos de San Luis, que acabaron con el sueño liberal en la cercana localidad jiennense de Jódar. Riego, en su huida, llegó hasta estos parajes donde, a pesar de creerse a salvo, fue traicionado. La detención se produjo por colonos de Arquillos, de comunión absolutista, más por resentimiento por la reciente pérdida del Fuero de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena durante el trienio liberal que por convicción política. El general fue conducido a la cárcel de La Carolina y de allí, tras varias vicisitudes, trasladado a Madrid, donde fue ajusticiado en la plaza de la Cebada. Los captores fueron ampliamente beneficiados por el rey Fernando y la comarca recuperó su Fuero e Intendente como agradecimiento real, aunque transitoriamente, ya que unos años más tarde el privilegio desapareció ya definitivamente debido a la configuración provincial de España que hoy en día conocemos. La figura de Rafael del Riego fue rehabilitada unos años después, ya fallecido Fernando VII, como defensor constitucionalista.
Punto de desvío A-301
Lugar donde debemos abandonar el camino y salir a la A-301 si existe inundación.
Comenzamos a descender desde la meseta, pudiendo encontrar alguna cinta electrificada que cierra los recintos ganaderos y que podemos salvar sin problema. Por aquí podemos apreciar cómo el olivar deja paso a la zona inundable del embalse. El primer escollo será cruzar el cauce del arroyo del Alamillo, estacional (por tanto, sin problema), y salvado este, nos aproximamos al cauce del Guadalimar. Una larga recta por el perdido y otrora fértil valle del Guadalimar con la prominencia al frente, donde destaca el cortijo de Buenavista que nos impide avistar el cercano puente nuevo renacentista. Seguimos siempre muy cerca del río hasta que, llegados a la altura del cortijo que veíamos en la lejanía, nos sorprende la belleza del monumento que tenemos delante.
Zona inundable del río
Río Guadalimar. Zona del embalse inundable.
Camino inundable
Camino por la zona del embalse inundable.
Avistamiento de puente Ariza
Avistamiento del puente de Ariza.
Podemos dedicar un rato, cómo no, a visitar esta joya renacentista, aunque no tenemos que cruzarlo si no queremos, ya que continuaremos por el camino asfaltado que parte del extremo norte del puente para abandonarlo poco más adelante por un camino ganadero que sigue el curso del Guadalimar, junto al meandro que aquí traza, para rodear la loma del Ventanaje. Pronto nos toparemos con un arroyo que procede del barranco al que nos dirigimos y desagua en el Guadalimar en este punto; aquí lo cruzaremos por un marcado vado y junto a su margen izquierda comenzaremos a ascender por la cañada de El Paso. Cruzaremos con extremo cuidado la A-301 y continuaremos el cansino ascenso por el olivar hasta alcanzar la carretera que se dirige a Navas de San Juan. En este punto, la vía pecuaria pasa a llamarse Cañada Real de la Estrella. Sin necesidad de pisar el asfalto, seguimos hasta alcanzar una gran explanada donde se ubica la ermita de la Virgen de la Estrella y que aprovecharemos para realizar un merecido descanso.
Tramo Cañada de El Paso
Cañada de El Paso
Cruce de carretera
Cañada de El Paso. Cruce de la A-301
Ascenso al llano
Cañada de El Paso. Ascenso al llano de La Estrella
Perspectiva del ascenso
Cañada de El Paso. Ascenso al llano de La Estrella
Cambio de denominación
Lugar donde la Cañada de El Paso comienza a denominarse Cañada de la Estrella
Ermita de la Estrella
Ermita de la Estrella
Fachada Ermita de la Estrella
Ermita de la Estrella
CUENTAN LOS QUE CUENTAN, Y A MÍ ME CONTARON que allá por el año 1108, recientemente liberado el territorio de la dominación musulmana por las huestes del rey Alfonso VI, vivía por la zona un labrador llamado Juan, viudo, pues su mujer murió de pena al no poder soportar el rapto de una de sus hijas por los musulmanes. A pesar de tener más hijos, Juan se sentía una persona infeliz, aunque cada día acudía a sus tareas agrícolas para dar sustento al resto de la familia. En un momento de la faena, cuando se hallaba recordando a la hija ausente y lamentándose por no haber sido capaz de evitar las consecuencias, se vio envuelto en sensaciones extrañas, en una aureola de luz. Miró la tierra que había estado faenando y comprobó cómo había emergido la talla de una hermosa Virgen. La cogió al instante y se encaminó hacia la población a hacer partícipe del hallazgo a sus vecinos,外部 difundiendo que sería la ESTRELLA que alumbraría en adelante el camino hacia la redención. De ahí, la Virgen tomó el nombre con el que se la conoce. Al poco tiempo, la hija de Juan el labriego regresó a casa sana y salva y Juan pudo morir en paz y agradecido a Dios. 7



Una vez visitada la ermita, que se asienta sobre los restos de una antigua fortaleza árabe del siglo XIII en el conocido Llano de la Estrella —donde anualmente, entre el 1 y el 3 de mayo, se celebra la célebre romería declarada de Interés Turístico—, y habiendo descansado de la subida realizada por la cañada, emprendemos de nuevo el camino rumbo a la cercana localidad de Navas de San Juan.

Camino de la Magdalena
Camino de la Magdalena

Lo podemos hacer por dos trayectos diferentes que poco difieren en distancia. El primero sería continuar el camino que traíamos, la vía pecuaria de La Estrella, y desviarnos más adelante en una bifurcación a la altura de la Fuente del Rosal para alcanzar la población. Nosotros optamos por tomar el camino de la Magdalena, ya que deseamos visitar, a la entrada de la población, la conocida Fuente o Lavadero de las Pilas, un entrañable lugar que antiguamente congregaba tanto a lavanderas como a ganaderos que accedían por este camino. Más adelante, por la derecha, apreciamos una antigua yesería y, al entrar en Navas, veremos el conocido "pito de la minilla", chimenea recuperada de una antigua orujera del siglo XIX. Callejeando llegaremos a la Iglesia de San Juan Bautista, centro neurálgico de la población, donde daremos por concluido este andorreo.

Fuente lavadero de Las Pilas 1
Fuente lavadero de Las Pilas

Fuente lavadero de Las Pilas 2
Fuente lavadero de Las Pilas

Fuente lavadero de Las Pilas 3
Fuente lavadero de Las Pilas

Antigua yesería
Antigua yesería

Chimenea de la orujera La Minilla
Chimenea de la orujera La Minilla, conocida como "El Pito de la Minilla"

Panorámica de Navas de San Juan
Panorámica de Navas de San Juan

Iglesia de San Juan Bautista
Navas de San Juan. Iglesia de San Juan Bautista.

Retablo de Paco Baños
Navas de San Juan. Iglesia de San Juan Bautista. Retablo de Paco Baños


DATOS TÉCNICOS


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1. Un paseo por Arquillos. Jaén en Hora Sur. Canal Sur Radio (05.03.2015). Disponible en: https://youtu.be/kb3daluKRZk?si=-ZWg079Xzis9-DJ.

2. Libro de las Fundaciones. En el capítulo 24 (dedicado a la fundación del convento de Sevilla), Santa Teresa de Jesús describe el trayecto exacto desde Beas de Segura, detallando la orografía hostil ("de cerros e montes bajos e altos..."), y cómo avanzaban dejando a mano izquierda el pueblo de Navas de San Juan.

3. Itinerario de los más principales y mejores caminos de España (publicado originalmente en 1576). Alonso de Meneses. Este libro de postas y caminos sitúa explícitamente a la Venta de los Arquillos en la ruta principal que unía el Levante (Valencia/Barcelona) con Andalucía (Córdoba y Sevilla), confirmando que era la parada obligada a mitad de jornada para las comitivas que hacían el trayecto entre el Condado y Linares.

4. Registro de cuentas y exenciones de la Real Cancillería de los Reyes Católicos (recogido en el Archivo General de Simancas). En las cuentas de los traslados de la corte y personajes reales consta la aplicación de la Real Cédula de Aposentamiento que Colón portaba desde Barcelona. Dicha orden obligaba a los venteros y justicias de los caminos reales a proveer cobijo de forma gratuita al Almirante en su regreso a Sevilla para preparar la segunda flotilla hacia las Indias. Las guías de etapas andaluzas de la época fijaban la Venta de los Arquillos como parada clave tras cruzar Sierra Morena camino de la cuenca del Guadalquivir.

5. El viaje de Cosme de Médicis (1668-1669): Se conserva en la Biblioteca Medicea Laurenziana (Florencia, Italia). Es el diario oficial redactado por el diplomático Lorenzo Magalotti, miembro del séquito del futuro Gran Duque de Toscana. El registro visual: El pintor Pier Maria Baldi, que formaba parte de la expedición, realizó un cuaderno de dibujos topográficos de las localidades por las que pasaban (incluyendo las vistas de los olivares y campos que circundaban la antigua venta en el término jiennense).

6. El cortijo de Riego nos recuerda el lugar donde fue apresado y puesto a disposición de la justicia el general liberal Rafael del Riego. El fin del sueño liberal en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Rafael del Riego, 15 de septiembre de 1823. Pérez Fernández, FJ. Fundación Caja Rural de Jaén. 1926.

7. Historia general de la villa de Navas de San Juan. Nieto, Miguel. Disponible en https://turismonavasdesanjuan.com/blog/virgen-de-la-estrella-de-navas-de-san-juan-conoce-su-historia/



RUTA 1 ETAPA 6 DERIVACIÓN 3 (R1E6D3): CASTELLAR. SANTUARIO ÍBERO DE LA CUEVA DE LA LOBERA





LA CUEVA DE LA LOBERA. HUELLAS SAGRADAS ANCESTRALES EN EL CAMINO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

A poco más de un kilómetro de Castellar, en plena comarca de El Condado, emerge un farallón rocoso imponente. Cualquiera que pase por allí podría pensar que es solo una bonita alineación de abrigos en la piedra, pero se equivocaría por completo. Estamos ante el Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera, un auténtico imán espiritual que acumula más de 2.300 años de historia.

Abrigo de Cueva Lobera

Lo que impresiona de este techo de roca natural es cómo domina el paisaje circundante. Los íberos no eligieron este punto al azar; lo buscaron a conciencia por su cercanía a manantiales antiguos como la Fuente del Caño y la del Cotillo. Para ellos, los lugares donde el agua brotaba de la tierra no eran simples fuentes, sino portales sagrados. Lo curioso es que la visera de roca no esconde una caverna profunda y oscura, sino que forma una terraza completamente abierta al entorno. Esto permitía algo muy lógico para sus rituales y reuniones: que todo se hiciera de cara al paisaje y bajo la luz del sol.


El santuario tenía un diseño monumental y muy bien pensado a base de terrazas conectadas por rampas y escaleras. Justo en frente de la cueva estaba la primera terraza, conocida como el Thesaurus, que venía a ser el lugar principal donde los fieles se aglomeraban para dejar la gran mayoría de sus ofrendas. Si bajabas un nivel, en la segunda terraza, se abría un espacio de culto secundario donde los arqueólogos encontraron un tesoro de lo más delicado: pequeñas laminillas de oro. Un paso más abajo quedaba la tercera terraza, que servía para el tránsito y la liturgia, y finalmente se llegaba a la cuarta, la más baja y desgastada. En esta última zona estaba la fundición. Allí mismo se fabricaban los exvotos, sosteniendo una especie de economía sagrada para los peregrinos que venían de camino.


Un punto clave en el mapa de Cástulo

La Lobera no era un templo aislado en mitad de la nada; funcionaba como un santuario territorial de referencia en el Alto Guadalquivir. Era un hito que la poderosa ciudad de Cástulo supo capitalizar muy bien, utilizándolo como marcador de frontera y como un símbolo de control político sobre las rutas comerciales que conectaban la Alta Andalucía con el Levante.


El recorrido en el tiempo de este rincón es fascinante y demuestra cómo los seres humanos llevamos milenios buscando los mismos puntos exactos para conectar con lo trascendente. Ya desde la Edad del Bronce hay constancia de los primeros cultos y depósitos aprovechando la magia natural del agua y las rocas. Hacia el siglo IV a.C., en pleno esplendor íbero, el sitio se transformó en el complejo organizado bajo la órbita de Cástulo que delimitaba sus dominios frente a otros pueblos. Incluso cuando llegaron los romanos entre los siglos I y II d.C., el santuario resistió y se adaptó: el área de culto se recogió hacia el entorno más inmediato de la cueva mientras los caminos de alrededor se iban convirtiendo en la Vía Augusta. Lo hermoso de toda esta evolución es que permitió que las creencias íberas quedaran, por así decirlo, "fosilizadas" en los objetos de bronce que hoy rescata la arqueología.


El verdadero alma del rito eran los exvotos. Hablamos de esas pequeñas figuras de bronce que los íberos ofrecían a sus dioses para pedir favores o dar las gracias por la salud, la fertilidad o la protección. Funcionaban como mensajeros o mediadores físicos de una plegaria. Por la zona se les conoce cariñosamente como "muñecos" o "mingos" cuando la gente se los tropezaba en el campo. Al mirarlos de cerca descubres un reflejo de una sociedad profundamente espiritual: hay guerreros, jinetes, mujeres embarazadas y orantes con grandes tocados. Cada estatuilla era, en el fondo, un retrato simbólico del propio devoto.


Fiestas, banquetes y la magia del sol.

A la Lobera no se iba solo a rezar en silencio; era un nodo de movilidad ritual al que acudían poblaciones de distintos oppida o ciudades fortificadas. En fechas señaladas el santuario se ponía de fiesta y se transformaba en un bullicioso centro de reunión social y política. La actividad de los peregrinos se movía en varios ejes: por un lado estaban las peticiones individuales o familiares y los ritos de paso que marcaban los ciclos vitales. Por otro, se organizaban grandes banquetes festivos. Lo sabemos porque el suelo ha dejado un rastro evidente de huesos de animales y un repertorio de platos, copas y jarras con las decoraciones típicas que se estilaban en Cástulo. Al final, juntar a tanta gente servía para divertirse, pero también para reforzar la identidad del grupo y dejar claro quién mandaba en la frontera.


Para meter a cientos de personas en una pendiente natural, los íberos tuvieron que "urbanizar" el terreno. El sistema de terrazas ganaba espacio llano e incluía conjuntos de casas que probablemente servían para preparar los rituales o dar servicios a los visitantes. Todo el diseño arquitectónico estaba pensado para guiarte a través de muros y estructuras en un camino muy claro hacia la cueva principal. Además, la ubicación era una genialidad de ingeniería territorial, ya que desde allí arriba se controlaba visualmente el Camino del Arrecife. Esta ruta era vital para conectar con Mentesa (en Villanueva de la Fuente, Ciudad Real) y con Libisosa (Lezuza, Albacete). La importancia de este sendero íbero está más que demostrada gracias a los Vasos de Vicarello y a los miliarios romanos que confirman que fue el precursor directo de la Vía Augusta.


Por si fuera poco, el santuario esconde un secreto que parece sacado de una película de Indiana Jones. Los investigadores descubrieron que fue diseñado siguiendo una hierofanía solar, es decir, una manifestación de lo sagrado a través de la luz. En momentos clave del año, como los equinoccios, los rayos del sol entran con una inclinación tan perfecta que iluminan de forma directa zonas específicas del abrigo rocoso destinadas a los rituales más importantes. El sol no solo alumbraba; validaba el rito.


Hoy en día, la Cueva de la Lobera sigue siendo un paraje sobrecogedor donde el pasado y el presente se tocan. Hay quien sigue dejando pequeñas ofrendas de frutas o flores en el interior como testimonio de que la magia del lugar se niega a morir. Desafortunadamente, también ha sido una de las zonas más castigadas por los buscadores de tesoros ilegales. Cuidar este santuario es vital, porque es una ventana única a la espiritualidad y a la organización de nuestros antepasados.



LA RUTA

Ficha Técnica del Recorrido

Longitud: 2.300 metros.

Tipo: Longitudinal.

Dificultad: Fácil.

Desnivel +: 44 m.

Desnivel -: 50 m.

Altitud: Min 760 m / Máx 698 m.

Tiempo estimado: 1 horas.

Época recomendada: Invierno, primavera y otoño.

Si el andorrero se anima a conocerla, la aproximación desde Castellar se divide en tres partes bien diferenciadas: un tramo urbano, un recorrido por el Paseo de la Virgen de la Consolación y el sendero rural definitivo.


El paseo empieza cruzando el conjunto histórico de la villa. Es una oportunidad perfecta para fijarse en las casas señoriales y en la arquitectura renacentista del pueblo. Puedes arrancar desde cualquier punto, pero una buena idea es salir de la Plaza de España y meterte en la Avenida de Andalucía, que es el eje vertebrador de Castellar. En un momento vas a encontrar un montón de rincones admirables. La calle está repleta de fachadas señoriales con amplios ventanales y balconadas por las que da gusto caminar embobado.


Castellar. Avenida de Andalucía

Pronto vas a divisar un torreón. Es la torre del homenaje, el último resto del castillo de Pallares que dio nombre a la población. Dentro se aloja el museo de arte íbero y el centro de interpretación de la Cueva Lobera. Es una visita obligada, ya sea antes de subir para entender lo que vas a ver, o al volver para terminar de encajar las piezas.



Justo en frente de la torre te topas con la impresionante iglesia-colegiata de Santiago, que data del siglo XVII, en plena Plaza de la Constitución, donde una dama íbera te saluda al pasar. Al cruzar la plaza sigues por la calle señorial para ir dejando atrás el casco urbano.

Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (fachada principal)

Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (detalle de Santiago matamoros)


Castellar. Iglesia-Colegiata de Santiago (patio interior)


Es ahí donde desembocas en el Paseo de la Virgen de la Consolación, un tramo de transición ideal hacia el campo. El paseo hace honor a su nombre: es cómodo, sombreado y funciona muy bien para ir desconectando del tumulto del pueblo mientras buscas la serenidad del santuario.

Castellar. Paseo de la Consolación (fuente megalítica)

Poco después de rebasar una almazara, vas a ver a la derecha el sendero hacia la Cueva de la Lobera. Este tramo rural es bellísimo. Es un sendero que camina en paralelo a la carretera de El Condado, metido entre vegetación mediterránea. Al final, el camino te termina dejando en una de las terrazas artificiales de las que hablábamos antes. Desde ese punto, solo queda ascender buscando el farallón rocoso, entretenerse descubriendo sus numerosas oquedades y, sencillamente, disfrutar del entorno.

Abrigo de Cueva Lobera








Aviso: Las últimas informaciones indican que el recinto se encuentra vallado. Por eso, no está de más que te informes antes en el Ayuntamiento o en el Museo para saber exactamente cómo está el acceso y organizar bien tu visita.