EL RENACER DE LA PEÑUELA A LA ESPERA DE SU LLEGADA
Para mediados de octubre de 1578, el monasterio de Jesús María del Monte de La Peñuela se encontraba a pleno rendimiento. Las dificultades y vicisitudes de los años fundacionales se habían superado, incluso el abandono temporal ordenado dos años antes por el visitador de la orden, el padre Jerónimo Gracián, que supuso la emigración de la comunidad lejos de allí, al convento de El Calvario, en la montaraz serranía del Guadalquivir. El retorno al año siguiente, deseado y aclamado por las poblaciones aledañas de Linares, Baeza y Vilches, supuso un alivio para viajeros y transeúntes de aquella importante zona de comunicación de la Meseta con Andalucía, por el freno que representaba para el elevado pillaje y el bandolerismo existentes. Se construyó una iglesia nueva y se trasladó el Santísimo Sacramento de la vieja a la nueva con fiesta y boato por parte del vecindario de las poblaciones cercanas.1 Aquel primer retiro eremítico de algunos ciudadanos baezanos al fragoso desierto de Sierra Morena se había convertido en pocos años en un lugar próspero y conocido; La Peñuela se había ubicado en los mapas.
A mediados de octubre de 1578, arriban al convento de La Peñuela cuatro hombres: el prior, padre Francisco de la Concepción, dos criados de don Pedro González de Mendoza y un cuarto, poca cosa, demacrado, desnutrido, enjuto, fatigado, es fray Juan de la Cruz.
LA ENCRUCIJADA DE ALMODOVAR: UNA CARAMBOLA PROVIDENCIAL
Justo dos meses antes, el fraile había protagonizado una hábil evasión de la cárcel de Toledo, donde sus compañeros de orden lo habían retenido preso durante nueve meses. Tras la fuga y el amparo temporal que le brindaron las descalzas toledanas primero y el canónigo Pedro González de Mendoza —amigo de los descalzos— poco después, acudió a la convocatoria que sus compañeros disidentes de la nueva observancia celebraron en la localidad manchega de Almodóvar del Campo. Allí, una carambola marcó su devenir: el prior del convento de El Calvario fue comisionado para acudir a Roma a mediar en favor de los nuevos vientos de la orden y, en consecuencia, su puesto quedó vacante. ¿Andariego y quién mejor que alguien a quien perseguían para alejarlo a un lugar donde nadie lo conocía? Así fue como nuestro fraile, a su pesar, porque nunca quiso salir de Castilla, enfiló obediente el camino de Andalucía.
EL DILEMA DEL TRAYECTO: ¿CAMINO REAL O CAÑADA DE LA PLATA?
El camino que siguió desde Toledo a Almodóvar no deja dudas. Almodóvar, en esa época, se encontraba enclavado en el camino real de Toledo a Córdoba, la mayor vía de penetración de la Meseta a Andalucía. Sin embargo, para continuar su trayecto hacia El Calvario, debía tomar otra gran ruta de comunicación: el camino real de Granada. Si analizamos su traslado de Almodóvar a La Peñuela, resulta cuestionable, o al menos discutible, el itinerario por el que sus biógrafos lo sitúan en Andalucía. Según estos, el fraile tuvo que dirigirse a Calzada de Calatrava para incorporarse al camino real de Granada y, tras alcanzar el Viso del Muradal —llamado del Marqués más tarde—, pasar por la venta de la Iruela y atravesar Sierra Morena por el puerto del Muradal, 2 para venir a salir a la venta de los Palacios (actual Santa Elena) y, de ahí, directamente a La Peñuela.
Las dudas se presentan al reflexionar sobre los acontecimientos que conocemos. Cabe preguntarse si ese era el mejor camino para un prófugo con dificultades para caminar, deteriorado físicamente y con un destino lejano y apartado de todo. Por entonces, el fraile ya era bien conocido en Castilla y, con seguridad, pesaba sobre él un mandato de búsqueda por parte de sus correligionarios de la orden. ¿Se arriesgaría a transitar por un camino tan frecuentado como el descrito? Tengamos en cuenta que san Juan de la Cruz ya gozaba de notoriedad por aquella época y que en el camino real cundiría rápidamente la noticia de su peripecia.
Sin respaldo documental y con el único aliado del conocimiento del terreno —combinado con un dato tan sugerente como la compañía del padre Francisco de la Concepción, prior del convento de La Peñuela—, me alineo con la razonable teoría de mis paisanos e investigadores locales3 4 para postular que la llegada a La Peñuela se efectuó por un camino más directo y discreto: un camino de herradura menos transitado y expuesto que el Camino Real y que, probablemente, el prior conocía a la perfección.
El trayecto propuesto desde Almodóvar se encamina hacia Mestanza, continúa de ahí a San Lorenzo de Calatrava y, con el muro de Sierra Morena delante, cruza por la Cañada de la Plata —llamada localmente camino de San Lorenzo a Baños de la Encina— desde la venta del Robledo. Tras rozar el cerro y la cueva de los Caballeros, así como el puerto de Navalagallina, la ruta alcanza las inmediaciones del —inexistente por entonces— poblado minero de El Centenillo. Desde aquí existen varias posibilidades para llegar a La Peñuela; sin embargo, dadas las características del terreno y debido a que el resto de las opciones son impracticables en la actualidad por discurrir a través de fincas particulares, la única alternativa viable hoy en día es continuar por la carretera que se dirige a La Carolina hasta las proximidades del río de la Campana. Una vez allí, y tomando la vía pecuaria cordel de La Carolina, se llega al puente de los Cinco Ojos para subir a La Peñuela por el ancestral camino de la Sierra o del Contadero.
LA PEÑUELA: PUERTA DE ANDALUCÍA
Por fin en La Peñuela, por fin en Andalucía. Ya podía el fraile respirar tranquilo: aquí nadie lo conocía ni sabía de su pasado. Apenas se detuvo en el lugar; parece que tenía prisa por incorporarse a su nuevo destino. Un día, tal vez dos, y reemprendió la marcha. Poco más de cien kilómetros lo separaban de El Calvario: un largo camino que cruzaba la cornisa norte de la provincia de Jaén, desde Sierra Morena hasta la sierra de Segura. Dos enclaves, aislados del mundo, que unió con sus pasos en pocas jornadas.
EL ANDORREO POR EL CONDADO: SIGUIENDO LA HUELLA DE LA HISTORIA:
Siguiendo su huella, este andariego nos llevará por uno de los territorios de la provincia de Jaén menos transitados a pie: el conocido como El Condado. Para ello seguiremos en parte una de las vías de comunicación romanas más importantes de la península, el denominado camino de Aníbal, vía Hercúlea o Heráclea, que ponía en contacto Gades con el Levante, conectando con la vía Augusta que, por los Pirineos, llegaba hasta Roma. Existe documentación de que por este itinerario transitaron reyes, artistas, nobles, descubridores, santos, literatos y hasta el ejército napoleónico. De hecho, uno de los viajes mejor documentados es el que, precisamente, la promotora de la orden descalza, la madre Teresa de Jesús, realizó desde Beas de Segura —donde había llevado a cabo una fundación de monjas— hasta Sevilla, con no pocas anécdotas y vicisitudes. El recorrido que se describe a continuación transcurre por los siguientes hitos:
VILCHES: Desde La Peñuela alcanzaremos la antigua localidad de Vilches, encaramada en sus cerros, desde donde se dominan los valles del Guarrizas, el Guadalén y el Guadalimar. No en vano se cuenta que se trata de la población española con más kilómetros de costa interior, a causa de los tres embalses que alberga en su término. En esta villa encontraremos algunos enseres y objetos de la batalla de las Navas de Tolosa que merecen ser visitados, y es obligado rendir visita a su fortaleza, donde se ubica la ermita de Nuestra Señora del Castillo y uno de los miradores más asombrosos de nuestro recorrido.
ARQUILLOS: Desde Vilches, en un cómodo descenso, alcanzaremos la localidad de Arquillos. Para ello tendremos que realizar un pequeño rodeo, obligado por el hecho de que el antiguo camino quedó sumergido por el embalse del río Guadalén. Esta pequeña población, resultado de la colonización ilustrada de Carlos III, recibe el nombre de una conocida y antigua venta cercana: la venta de los Arquillos.
NAVAS DE SAN JUAN: Seguiremos nuestro camino hacia Navas de San Juan, enclave agrícola y ganadero fundamental del que dan fe los pilares o abrevaderos para el ganado aún existentes y rehabilitados en los puntos de entrada a la población. En sus cercanías se encuentra la ermita de la Virgen de la Estrella.
SANTISTEBAN DEL PUERTO: Santisteban del Puerto albergó uno de los títulos nobiliarios más antiguos de la península. De allí era natural el escultor Jacinto Higueras, quien cuenta con una casa-museo en la localidad. También destaca Manuel de Benavides y Aragón, décimo conde y primer duque de Santisteban, personaje muy influyente en la corte de Felipe V. La ermita de la Virgen del Collado merece una visita; se trata de uno de esos tesoros ocultos que combinan elementos góticos y mudéjares con una decoración interior predominantemente barroca. En pleno camino encontraremos la famosa venta de San Andrés, donde se cree que pernoctó santa Teresa en su largo viaje desde Beas hasta Sevilla.
CASTELLAR: Castellar constituye una joya escondida de nuestro itinerario. Recorrer la calle central y la avenida de Andalucía para culminar en la recoleta plaza de la Constitución —donde se ubican el castillo de Pallarés, actual Museo de Arte Ibérico, y la impresionante colegiata de Santiago— es un auténtico deleite. Además, cerca de la localidad podemos visitar uno de esos monumentos naturales que impresionan en su conjunto: la Cueva de la Lobera, un importante santuario ibero con una mágica vista de poniente.
BEAS DE SEGURA: Esta es una larga etapa que discurre por el Portichuelo, en cuyas cercanías se detuvo santa Teresa a descansar y disfrutar de los sonidos y olores silvestres. Desde allí cambiamos de vertiente, entramos en tierras de Segura y comenzamos a avistar a lo lejos los altos de Natao, por encima de Beas, nuestro próximo destino. Cruzaremos el ancestral puente Mocho sobre el río Guadalimar, que aún cumple la función de paso para el ganado trashumante desde la sierra de Segura a la de Sierra Morena. Una vez llegados a Beas, nos dirigiremos directamente al monasterio de San José del Salvador, primera fundación de santa Teresa en Andalucía y donde nuestro personaje, el fraile andariego, recaló y se alojó durante unos días antes de continuar el camino hacia su destino. Allí asombró a las monjas con su delgadez y debilidad y a la vez con su fortaleza de espíritu..
CONVENTO DE EL CALVARIO: Este es el destino final de nuestro andariego: una vieja alquería que se habilitó como convento y refugio carmelitano para los frailes llegados de La Peñuela. Allí el frailecito encontró paz y tranquilidad; tanta, que comenzó a desarrollar su obra, la cual ya traía hilvanada desde su prisión toledana. Pero no paraba quieto: los fines de semana, como un reloj, realizaba el trayecto a Beas para dar asistencia espiritual a las monjas y, después, emprendía la vuelta a casa. Se trataba de un itinerario fragoso, montaraz y duro para el caminante, pero que no amedrentaba a nuestro santo andariego.