DESTINO FINAL: CONVENTO DE EL CALVARIO, EL PARAISO SERRANO
«Quien no sabe de penas
en este valle de dolores
no sabe de cosas buenas,
ni ha gustado de amores,
pues penas es el traje de amadores.
Tras la primera estancia reponiéndose en Beas —días llenos de contrastes emocionales—, nuestro andariego acomete la última etapa de este largo viaje que comenzó en Toledo, aunque nosotros, por razones estratégicas, lo hayamos hecho desde su entrada en Andalucía.
Como adelantamos en la anterior entrega y según se desprende de las fuentes consultadas, el fraile se marcha del monasterio de San José del Salvador sin dejar buena impresión en la priora, la madre Ana de Jesús; un comentario malinterpretado por esta sobre la madre Teresa parece ser la causa, aunque pronto, a través de la aludida, queda debidamente aclarado 1
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| Beas de Segura. Convento de San José de El Salvador. Imágenes de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús |
Debió de llamarle la atención a nuestro protagonista, ya más recuperado tras su estancia entre las monjas de Beas, el tremendo contraste entre el camino que ha traído hasta aquí y el que ahora inicia. Sin piedad, nada más salir de Beas, la senda remonta fuertemente para entrar en la sierra; alcanza la cuerda y vuelca de forma tan rotunda como empezó, buscando la cuenca del río Grande. Si la mirada atrás durante la subida es impresionante, imagino la emoción que debió de sentir al cambiar hacia el otro lado: la panorámica es brutal para los sentidos.
Y pienso... si a mí, perfectamente equipado y con algún que otro escarceo por la sierra, se me apremia el resuello, ¿cómo andaría aquella gente con aquel calzado —o sin él— y con aquellos ropajes —o sin ellos— por estos caminos sembrados de incertidumbre?
Acabando el áspero descenso, casi llegando al río, se encontraba su destino: aquel desierto maravilloso, pero de condiciones extremas, donde encontraría la paz que tanto necesitaba tras el duro castigo al que había sido sometido. ¡Por fin en El Calvario!
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| Cortijada de El Calvario |
La llegada al convento de El Calvario conserva actualmente la belleza que tuvo que divisar en su día el frailecico. Aunque el cambio forestal de encinas, quejigos y todo tipo de matorral mediterráneo por el olivar que no cesa no se había producido aún, la imagen que nos regala el horizonte es impresionante: el amplio valle de Chincoya en su parte inferior, con el peñón centrándolo; por encima, las murallas y los altos del Chillar superados por la mole de las Correderas; hacia levante, la piedra de la B y, por encima de todo, la panza del Caballo del Torraso.
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| Cumbres de la Sierra de las Villas |
Sin embargo, el andariego que recale hoy en día por El Calvario puede sufrir una profunda decepción. Aunque la panorámica lo embobe, el lugar no conserva vestigio alguno de lo que fue; tal vez la fuente y alguna pared hayan resistido los cambios, pero el resto, convertido actualmente en una explotación agrícola con una vivienda y varias naves, dista mucho de la última descripción escrita que he podido encontrar, documentada y narrada por el hispanista Gerald Brenan, quien estuvo en el lugar siguiendo las huellas del Santo por los años treinta del pasado siglo.
| Naves agrícolas en la cortijada de El Calvario (Fotografía Pepe Olivas) |
Aquí disfrutó el frailecico de su «soledad sonora», soledad con la sonoridad de los arroyuelos y las aves. Aquí, en El Calvario, cuentan sus hagiógrafos que escribe parte del comentario al Cántico espiritual, inspirado, sin duda, por el entorno. Aquí retorna su vitalismo: escribe, siembra, dibuja, talla, labra, medita, orienta y aconseja a sus treinta compañeros de convento. Y por si fuera poco, asiste semanalmente a las monjitas de Beas, pues cada sábado toma el camino de ascenso y se vuelca hacia San José del Salvador. Antes de llegar solía detenerse, según cuentan, en un altozano desde el que se divisa una magnífica panorámica de la localidad para descansar y preparar sus plegarias; la Cruz de los Trabajos la llaman localmente, y solo hay que desviarse unos metros del camino para acceder a ella antes de entrar a Beas por Valparaíso. El lunes, vuelta a El Calvario. Teniendo en cuenta que en este lugar estuvo viviendo aproximadamente ocho meses, podemos deducir fácilmente que tal vez recorrió este trayecto unas 32 veces, siendo probablemente el camino que con mayor frecuencia transitó.
LA RUTA
Arrancamos, al igual que seguramente lo hizo él, en la recoleta plaza de Santa Teresa (wp 01), donde se alza la puerta principal del monasterio de San José del Salvador, hoy presidida por las imágenes de los dos impulsores de la reforma carmelita y por la torre campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Nos dirigimos hacia el apacible callejón de San Juan de la Cruz y salimos a la calle de la Feria, que tomamos a la derecha pasando por la puerta del teatro Regio; giramos a la izquierda por el pasaje Albarracín, que nos sacará al parque Virgen de la Paz. Buscamos el puente que nos permita cruzar a la otra orilla del río Beas y lo hacemos por el puente del Mercado, girando de nuevo a la izquierda para entrar en la calle Manuel Ardoy, encaminándonos en dirección al polideportivo municipal y pasando junto al museo de usos y costumbres. Inmediatamente volvemos a girar a la derecha por una calle que nos anuncia cómo va a ser el inicio de esta ruta: una fuerte pendiente por las casas nuevas (wp 02) que nos lleva a la travesía de Ana de Jesús y, de nuevo, al llegar a unas naves agrícolas, girar a la izquierda para salir al campo, abandonando la localidad con un buen desnivel. Conforme ascendemos y nos alejamos de Beas, más bonito va haciéndose este precioso pueblo blanco serrano.
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| Beas de Segura. Fachada del convento de San José de El Salvador. |
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| Panorámica de Beas de Segura |
El comienzo, durante los primeros cinco kilómetros aproximadamente, hasta el paraje del Ojuelo (wp 04), se encuentra asfaltado, lo que permitirá que aligeremos el paso. Tras pasar el cortijo del colmenar del Ojuelo (wp 03), aunque nos sigue acompañando el olivar serrano, se empieza a respirar otra brisa: comienzan a aparecer manchas de monte que no llegaron a roturarse en su día y, poco a poco, nos acercamos a la cuerda que limita los términos municipales de Beas de Segura y Villanueva del Arzobispo (wp 06), en las faldas del cerro Corencia.
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| Paraje de El Ojuelo |
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| Dejamos atrás el valle de Beas |
Bruscamente cambiamos de vertiente e iniciamos un intenso descenso por un precioso bosque; el tramo de camino que pisamos por aquí conserva el pavimento antiguo, una delicia. Volvemos al olivar serrano y ya el camino se rompe por el paso de los vehículos agrícolas. Un primer cortijo en ruinas (wp 07) anticipa la proximidad de la abandonada cortijada de los Nevazos. Desde que salimos del pinar hasta aquí, la panorámica que nos acompaña es espectacular; al encontrarnos cerca de los mil metros de altitud, las cumbres de la sierra de las Villas pueden divisarse nítidamente. Los Nevazos (wp 09) es un buen lugar para hacer una parada y mirar ese horizonte que se nos presenta antes de afrontar la subida que tenemos pendiente hasta la cortijada de la Herrera.
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| Cortijada de los Nevazos. Al fondo Las Correderas. |
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| Interior de una casa abandonada en Los Nevazos |
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| Habitante en los Nevazos |
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| El autor en una de las pocas casas conservadas de la cortijada de los Nevazos |
Reiniciamos la marcha en ascenso llevadero, cambiamos de vertiente y rozamos dos cortijos: el de la Buitrera, que queda al margen del camino, y otro ruinoso justo a nuestra derecha (wp 10), que nos anuncia el último repecho que habremos de afrontar para llegar a la Herrera, lugar donde algunas casas aún se encuentran en uso, al menos agrícola (wp 11).
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| Cortijo del Peñón de Chincoyaa o de Los Bonicotes |
| Cortijo de la Buitrera |
A la entrada de la Herrera se presenta una bifurcación; si continuáramos al frente llegaríamos a Villanueva del Arzobispo, por lo que tomaremos el camino que desciende por la izquierda, entre las casas. Conforme la senda se va introduciendo en el olivar más infame se hace: descarnado, difícil de andar y de gran pendiente, lo que me hace pensar en lo que penaría el fraile cada sábado al iniciar el camino a Beas para asistir a la comunidad de monjas que ansiadamente lo esperaban. Cada vez vemos más cerca el tajo que nos aproxima al Guadalquivir; lo tenemos casi debajo y, enfrente, el amplio valle de Chincoya nos sigue agradando la vista, haciendo que nos entretengamos en los detalles.
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| Valle de Chincoya |
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| Primer plano del cortijo del Peñón |
Vamos entrando en el paraje de El Calvario. Muy cerca de nuestro destino, unas manchas de pinar anuncian la proximidad, la cual encontramos súbitamente rodeada de olivas; por la izquierda se desprende el camino por el que se accede. Llegamos a una gran explanada a modo de ágora: la fachada de un cortijo que lo fue, otro en funcionamiento, un par de naves agrícolas, un pilar y un horno serrano es lo que contemplaremos en el lugar. Aunque parezca increíble, aquí se ubicó el monasterio de Nuestra Señora del Monte Calvario (wp 14).
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| Cortijada de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
| Señalización en el cortijo de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
| Fuente de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
| Horno moruno en El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
Terminada la ruta comprenderemos que la permanente y cansina reivindicación que muchos mantenemos —para que la política haga su trabajo, declare el lugar de interés (del tipo que sea) y construya un albergue para andariegos— no desvaría demasiado. El viaje realizado desde El Centenillo y La Peñuela es largo, merecedor de un lugar donde poder disfrutar del destino alcanzado después de varias jornadas de trasiego. Pero no: a lo más que podemos aspirar es a beber un trago de la fuente, descansar un rato bajo alguna sombra y respirar durante unos minutos la paz que continúa albergando el lugar, y todo eso si los propietarios nos lo permiten, ya que nos encontramos en una propiedad privada.
| Alberquilla en el cortijo de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
| Paraje del cortijo de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
| Vivienda del cortijo de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas) |
Las opciones para salir de allí son: desandar el camino por esa cuesta infame hasta la cortijada de la Herrera y de allí decidir si regresamos a Beas de Segura por donde vinimos o si nos dirigimos a Villanueva del Arzobispo, todo ello con lo que llevamos ya en las piernas, lo que la convierte en una ruta muy difícil de realizar para algunos andariegos. Otra opción es continuar el camino que traíamos hasta llegar a la carretera que comunica Villanueva del Arzobispo con El Tranco. Para ello deberíamos haber previsto un vehículo cerca o haber concertado que nos recojan. Esta opción alargaría 1,5 km la ruta hasta la carretera y 1 km más si decidimos llegar hasta la cercana Venta del Pino.























