RUTA 1 ETAPA 8 (R1E8): BEAS DE SEGURA - EL CALVARIO










DESTINO FINAL: CONVENTO DE EL CALVARIO, EL PARAISO SERRANO

«Quien no sabe de penas

en este valle de dolores

no sabe de cosas buenas,

ni ha gustado de amores,

pues penas es el traje de amadores.

Tras la primera estancia reponiéndose en Beas —días llenos de contrastes emocionales—, nuestro andariego acomete la última etapa de este largo viaje que comenzó en Toledo, aunque nosotros, por razones estratégicas, lo hayamos hecho desde su entrada en Andalucía.



Como adelantamos en la anterior entrega y según se desprende de las fuentes consultadas, el fraile se marcha del monasterio de San José del Salvador sin dejar buena impresión en la priora, la madre Ana de Jesús; un comentario malinterpretado por esta sobre la madre Teresa parece ser la causa, aunque pronto, a través de la aludida, queda debidamente aclarado 1


Beas de Segura. Convento de San José de El Salvador. Imágenes de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús

Debió de llamarle la atención a nuestro protagonista, ya más recuperado tras su estancia entre las monjas de Beas, el tremendo contraste entre el camino que ha traído hasta aquí y el que ahora inicia. Sin piedad, nada más salir de Beas, la senda remonta fuertemente para entrar en la sierra; alcanza la cuerda y vuelca de forma tan rotunda como empezó, buscando la cuenca del río Grande. Si la mirada atrás durante la subida es impresionante, imagino la emoción que debió de sentir al cambiar hacia el otro lado: la panorámica es brutal para los sentidos.



Y pienso... si a mí, perfectamente equipado y con algún que otro escarceo por la sierra, se me apremia el resuello, ¿cómo andaría aquella gente con aquel calzado —o sin él— y con aquellos ropajes —o sin ellos— por estos caminos sembrados de incertidumbre?



Acabando el áspero descenso, casi llegando al río, se encontraba su destino: aquel desierto maravilloso, pero de condiciones extremas, donde encontraría la paz que tanto necesitaba tras el duro castigo al que había sido sometido. ¡Por fin en El Calvario!



Cortijada de El Calvario

«El convento al que San Juan se dirigía estaba a dos horas de caballo a través de colinas rocosas, cubiertas de pinos y hierbas aromáticas. Comprendía una alquería blanqueada, un pequeño oratorio y varios acres de huerta y tierra de cultivo que habían sido comprados dos años antes al párroco de Villanueva. Había una fuente rodeada de árboles en el patio exterior, y en los alrededores crecían olivos, pinos y encinas. El nombre original del lugar había sido Corenzuela, pero los frailes, al colocar allí un tosco vía crucis, habían cambiado ese nombre por El Calvario.» 2


La llegada al convento de El Calvario conserva actualmente la belleza que tuvo que divisar en su día el frailecico. Aunque el cambio forestal de encinas, quejigos y todo tipo de matorral mediterráneo por el olivar que no cesa no se había producido aún, la imagen que nos regala el horizonte es impresionante: el amplio valle de Chincoya en su parte inferior, con el peñón centrándolo; por encima, las murallas y los altos del Chillar superados por la mole de las Correderas; hacia levante, la piedra de la B y, por encima de todo, la panza del Caballo del Torraso.


Cumbres de la Sierra de las Villas

Sin embargo, el andariego que recale hoy en día por El Calvario puede sufrir una profunda decepción. Aunque la panorámica lo embobe, el lugar no conserva vestigio alguno de lo que fue; tal vez la fuente y alguna pared hayan resistido los cambios, pero el resto, convertido actualmente en una explotación agrícola con una vivienda y varias naves, dista mucho de la última descripción escrita que he podido encontrar, documentada y narrada por el hispanista Gerald Brenan, quien estuvo en el lugar siguiendo las huellas del Santo por los años treinta del pasado siglo.



Naves agrícolas en la cortijada de El Calvario (Fotografía Pepe Olivas)

«El sendero zigzagueaba entre entre espliegos, retamas y cistos, y en primavera podían encontrarse también pequeños lirios, junquillos y orquídeas (El autor ascendió a El Calvario desde la carretera de Villanueva a El Tranco, distante aproximadamente 1,5 km). Luego se pasa a un terreno más llano. Se oyen ladridos de perros, y detrás de unos matorrales se ven un par de edificios blancos, un pozo a la sombra de unos olmos, una capilla con una cúpula diminuta y unos cuantos viejos olivos. Por todas partes hay pinos y plantas aromáticas.» 3


Aquí disfrutó el frailecico de su «soledad sonora», soledad con la sonoridad de los arroyuelos y las aves. Aquí, en El Calvario, cuentan sus hagiógrafos que escribe parte del comentario al Cántico espiritual, inspirado, sin duda, por el entorno. Aquí retorna su vitalismo: escribe, siembra, dibuja, talla, labra, medita, orienta y aconseja a sus treinta compañeros de convento. Y por si fuera poco, asiste semanalmente a las monjitas de Beas, pues cada sábado toma el camino de ascenso y se vuelca hacia San José del Salvador. Antes de llegar solía detenerse, según cuentan, en un altozano desde el que se divisa una magnífica panorámica de la localidad para descansar y preparar sus plegarias; la Cruz de los Trabajos la llaman localmente, y solo hay que desviarse unos metros del camino para acceder a ella antes de entrar a Beas por Valparaíso. El lunes, vuelta a El Calvario. Teniendo en cuenta que en este lugar estuvo viviendo aproximadamente ocho meses, podemos deducir fácilmente que tal vez recorrió este trayecto unas 32 veces, siendo probablemente el camino que con mayor frecuencia transitó.






LA RUTA

Arrancamos, al igual que seguramente lo hizo él, en la recoleta plaza de Santa Teresa (wp 01), donde se alza la puerta principal del monasterio de San José del Salvador, hoy presidida por las imágenes de los dos impulsores de la reforma carmelita y por la torre campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Nos dirigimos hacia el apacible callejón de San Juan de la Cruz y salimos a la calle de la Feria, que tomamos a la derecha pasando por la puerta del teatro Regio; giramos a la izquierda por el pasaje Albarracín, que nos sacará al parque Virgen de la Paz. Buscamos el puente que nos permita cruzar a la otra orilla del río Beas y lo hacemos por el puente del Mercado, girando de nuevo a la izquierda para entrar en la calle Manuel Ardoy, encaminándonos en dirección al polideportivo municipal y pasando junto al museo de usos y costumbres. Inmediatamente volvemos a girar a la derecha por una calle que nos anuncia cómo va a ser el inicio de esta ruta: una fuerte pendiente por las casas nuevas (wp 02) que nos lleva a la travesía de Ana de Jesús y, de nuevo, al llegar a unas naves agrícolas, girar a la izquierda para salir al campo, abandonando la localidad con un buen desnivel. Conforme ascendemos y nos alejamos de Beas, más bonito va haciéndose este precioso pueblo blanco serrano.



Beas de Segura. Fachada del convento de San José de El Salvador.

Panorámica de Beas de Segura

El comienzo, durante los primeros cinco kilómetros aproximadamente, hasta el paraje del Ojuelo (wp 04), se encuentra asfaltado, lo que permitirá que aligeremos el paso. Tras pasar el cortijo del colmenar del Ojuelo (wp 03), aunque nos sigue acompañando el olivar serrano, se empieza a respirar otra brisa: comienzan a aparecer manchas de monte que no llegaron a roturarse en su día y, poco a poco, nos acercamos a la cuerda que limita los términos municipales de Beas de Segura y Villanueva del Arzobispo (wp 06), en las faldas del cerro Corencia.


Paraje de El Ojuelo


Dejamos atrás el valle de Beas

Bruscamente cambiamos de vertiente e iniciamos un intenso descenso por un precioso bosque; el tramo de camino que pisamos por aquí conserva el pavimento antiguo, una delicia. Volvemos al olivar serrano y ya el camino se rompe por el paso de los vehículos agrícolas. Un primer cortijo en ruinas (wp 07) anticipa la proximidad de la abandonada cortijada de los Nevazos. Desde que salimos del pinar hasta aquí, la panorámica que nos acompaña es espectacular; al encontrarnos cerca de los mil metros de altitud, las cumbres de la sierra de las Villas pueden divisarse nítidamente. Los Nevazos (wp 09) es un buen lugar para hacer una parada y mirar ese horizonte que se nos presenta antes de afrontar la subida que tenemos pendiente hasta la cortijada de la Herrera.


Cortijada de los Nevazos. Al fondo Las Correderas.


Interior de una casa abandonada en Los Nevazos

Habitante en los Nevazos

El autor en una de las pocas casas conservadas de la cortijada de los Nevazos

Reiniciamos la marcha en ascenso llevadero, cambiamos de vertiente y rozamos dos cortijos: el de la Buitrera, que queda al margen del camino, y otro ruinoso justo a nuestra derecha (wp 10), que nos anuncia el último repecho que habremos de afrontar para llegar a la Herrera, lugar donde algunas casas aún se encuentran en uso, al menos agrícola (wp 11).


Cortijo del Peñón de Chincoyaa o de Los Bonicotes

Cortijo de la Buitrera

A la entrada de la Herrera se presenta una bifurcación; si continuáramos al frente llegaríamos a Villanueva del Arzobispo, por lo que tomaremos el camino que desciende por la izquierda, entre las casas. Conforme la senda se va introduciendo en el olivar más infame se hace: descarnado, difícil de andar y de gran pendiente, lo que me hace pensar en lo que penaría el fraile cada sábado al iniciar el camino a Beas para asistir a la comunidad de monjas que ansiadamente lo esperaban. Cada vez vemos más cerca el tajo que nos aproxima al Guadalquivir; lo tenemos casi debajo y, enfrente, el amplio valle de Chincoya nos sigue agradando la vista, haciendo que nos entretengamos en los detalles.


Valle de Chincoya

Primer plano del cortijo del Peñón 

Vamos entrando en el paraje de El Calvario. Muy cerca de nuestro destino, unas manchas de pinar anuncian la proximidad, la cual encontramos súbitamente rodeada de olivas; por la izquierda se desprende el camino por el que se accede. Llegamos a una gran explanada a modo de ágora: la fachada de un cortijo que lo fue, otro en funcionamiento, un par de naves agrícolas, un pilar y un horno serrano es lo que contemplaremos en el lugar. Aunque parezca increíble, aquí se ubicó el monasterio de Nuestra Señora del Monte Calvario (wp 14).


Cortijada de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Señalización en el cortijo de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Fuente de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Horno moruno en El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Terminada la ruta comprenderemos que la permanente y cansina reivindicación que muchos mantenemos —para que la política haga su trabajo, declare el lugar de interés (del tipo que sea) y construya un albergue para andariegos— no desvaría demasiado. El viaje realizado desde El Centenillo y La Peñuela es largo, merecedor de un lugar donde poder disfrutar del destino alcanzado después de varias jornadas de trasiego. Pero no: a lo más que podemos aspirar es a beber un trago de la fuente, descansar un rato bajo alguna sombra y respirar durante unos minutos la paz que continúa albergando el lugar, y todo eso si los propietarios nos lo permiten, ya que nos encontramos en una propiedad privada.


Alberquilla en el cortijo de El Calvario (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Paraje del cortijo de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Vivienda del cortijo de El Calvario. (Fotografía gentileza de Pepe Olivas)

Las opciones para salir de allí son: desandar el camino por esa cuesta infame hasta la cortijada de la Herrera y de allí decidir si regresamos a Beas de Segura por donde vinimos o si nos dirigimos a Villanueva del Arzobispo, todo ello con lo que llevamos ya en las piernas, lo que la convierte en una ruta muy difícil de realizar para algunos andariegos. Otra opción es continuar el camino que traíamos hasta llegar a la carretera que comunica Villanueva del Arzobispo con El Tranco. Para ello deberíamos haber previsto un vehículo cerca o haber concertado que nos recojan. Esta opción alargaría 1,5 km la ruta hasta la carretera y 1 km más si decidimos llegar hasta la cercana Venta del Pino.












Powered by Wikiloc









  1. Al dejar Beas de Segura, donde residían las monjas, por tener que regentar El Calvario, la priora Ana de Jesús se había sentido muy ofendida porque Juan se había referido a la Madre Teresa como «muy su hija », lo que, viniendo de un joven, parecía bordear la impertinencia o incluso la falta de respeto, según modales de la época. San Juan de la Cruz en tierras de Jaén. Dámaso Chicharro. Universidad de Jaén. 2013. p 68.
  2. San Juan de la Cruz. Gerald Brenan. Plaza y Janes editores. 2001. p. 68.
  3. San Juan de la Cruz. Gerald Brenan. Plaza y Janes editores. 2001. p. 69.



RUTA 1 ETAPA 3 (R1E3): VILCHES - ARQUILLOS




DE ÍBEROS, ROMANOS, MOROS Y CRISTIANOS. ENTRE JARABANCIL Y LOS DONCELES


Si tras la llegada a Vilches hemos aceptado la sugerencia de contemplar la panorámica que ofrece el cerro del Castillo a través de la derivación propuesta (R1E2D1), el esfuerzo realizado no habrá sido en vano. Además del magnífico panorama, no habrá pasado desapercibido al andariego que hacia el saliente se abren unos extensos y fértiles valles, actualmente ocupados por sendos embalses pertenecientes a las cuencas del río Guadalén, el más cercano, y del Guadalimar, el más distante.

Ermita de Nuestra Señora del Castillo
Vilches. Ermita de Nuestra Señora del Castillo
Vilches desde el cerro
Vilches desde el cerro del Castillo
Embalse del Guadalén
Vilches. Panorámica hacia el E desde el cerro del Castillo. Embalse del río Guadalén

En la antigüedad, ambos valles estuvieron netamente ocupados por asentamientos iberorromanos. Numerosos vestigios existentes en las orillas, y otros que han quedado sumergidos en el fondo, así lo atestiguan. Más tarde, durante la etapa tardía de ocupación árabe, el territorio se convirtió en tierra fronteriza, lo que delata la gran cantidad de castillos y defensas que aún se mantienen en pie. La permanencia de la ocupación humana en el terreno se extendió hasta el Medievo, favorecida por la existencia en la zona de importantes vías de comunicación entre Andalucía, Castilla y Levante. Acabada la etapa histórica de frontera entre los mundos musulmán y cristiano, el territorio comenzó a repoblarse y a contar con una población estable que, en muchos casos, aprovechó lo legado por civilizaciones anteriores. Villas romanas, oppida íberos, castillos y atalayas musulmanas, casas cueva y oratorios visigodos son testigos mudos del pasado de nuestras actuales poblaciones.

Si bien el origen de Vilches, la localidad de partida, se pierde en el tiempo, por el contrario emergen nuevos asentamientos en la zona promovidos por la Corona, como es el caso de Arquillos y su pedanía El Porrosillo, que nacen del proyecto ilustrado de creación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. En este caso, nuestro destino, Arquillos, se traza en las proximidades de un antiguo asentamiento, el actualmente conocido como Arquillos el Viejo, que creció junto a la ancestral y conocidísima venta de los Arquillos, de donde tomó su nombre. Esta venta, estratégicamente situada, era paso y parada obligada en el camino real de Toledo (capital del Reino de Castilla) a Granada (última adhesión peninsular a la Corona) y en la vía Heraclea o Augusta, también conocida como camino de Aníbal o camino de Levante, que se extendía desde Cádiz a la vieja Roma pasando por la cercana Cástulo. Personajes y viajeros insignes han dejado testimonio escrito o gráfico de su existencia: Cristóbal Colón, santa Teresa de Jesús, Cosme de Médici y su acompañante, el ilustrador Pier Maria Baldi, pasaron o se alojaron en esta importante y concurrida venta.

Desgraciadamente, desde nuestro lugar de origen, Vilches, no podremos visitar este estratégico enclave, ya que el camino que los conectaba se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse del río Guadalén. Tendremos que usar otras alternativas para alcanzar nuestro destino en la localidad de Arquillos. Necesariamente tendremos que abandonar el antiguo ramal que cruzaría el embalse en el punto donde la zona comienza a ser inundable y dirigirnos por caminos más recientes, conociendo viejos cortijos agrícolas, alguno de ellos de gran empaque; todo ello en el espacioso valle custodiado por la mole montañosa de Jarabancil, junto a Vilches, y la loma de los Donceles, que saluda el amanecer de los arquilleros.

¿Y nuestro protagonista? ¿Qué es de él y su compañía? Pues estimo que, con toda probabilidad, nuestro “medio fraile” y sus dos acompañantes, realizarían del tirón el trayecto desde La Peñuela a la Venta de los Arquillos en una jornada. Tal vez se detuviera, sin entrar en la población de Vilches, a echar un rezo en la ermita de San Gregorio y un trago de agua en el pilar de la Ventanilla, continuando por la calle mesones su camino. Aunque ya por estas tierras sería poco conocido, sabemos que llevaba prisa por llegar a su destino y cuanto menos se le viera, mejor. Nosotros no podemos perder la oportunidad de entrar y visitar esta entrañable y asombrosa localidad, castellana y moruna, de increíble geografía y de inolvidables panorámicas.

Casas colgantes Vilches
Vilches. Casas colgantes hacia la Canaleja.
Población de Vilches
Vilches. Población y cerro de San Sebastián (antenas). Al fondo cerro Mortero

LA RUTA


Iniciamos la jornada donde la dejamos el día anterior, en la plaza de la Iglesia de San Miguel, centro neurálgico de la localidad. Dado que el trazado de hoy es cómodo, tanto en distancia como en desnivel, podemos aprovechar la tarde anterior o bien las primeras horas de la mañana para realizar la derivación propuesta (R1E2D1): la subida a la ermita de Nuestra Señora del Castillo y la visita a las casas cueva que, en la actualidad, se encuentran señalizadas como sendero local.

Vilches. Panel de inicio del sendero de cerro del Castillo
Vilches. Panel de inicio del sendero de cerro del Castillo
Vilches. Acceso al castillo. Puente de los Moros.
Vilches. Acceso al castillo. Puente de los Moros.
Vilches. Bajada del cerro del Castillo. Al fondo cerro Jarabancíl.
Vilches. Bajada del cerro del Castillo. Al fondo cerro Jarabancíl.

Nosotros, desde la plaza Mayor (wp-01), nos dirigimos al frente hasta alcanzar la Corredera (wp-02), vía transversal a esta, donde giraremos a la derecha. Avanzaremos por esta calle principal del añejo Vilches que nos irá sacando a las afueras. Justo donde termina una valla quitamiedos que nos acompañará por la izquierda, acaba el asfalto; allí tendremos que girar 180 grados (wp-03) para tomar el camino que desciende decididamente por entre antiguas viviendas cueva horadadas en la roca y el cuidado pilar de la Canaleja, que nos despedirá de este bonito pueblo de cerros. Continuamos por este sendero estrecho que pronto se unirá a otro de tierra, más ancho y transitable para vehículos (wp-04). En este punto abordamos el tramo que viene de la calle Mesones, el cual se bifurcó en el cruce de Cuatro Caminos para rodear el pueblo por la izquierda. Seguiremos entre olivos hasta llegar a una clara bifurcación (wp-05): por la derecha, el camino real que se dirigía a Baeza y Úbeda; por la izquierda, el que ahora seguiremos, la variante que conectaba con el camino de Levante (la antigua vía Augusta) a la altura de la venta de los Arquillos.

Vilches. Iglesia de San Miguel
Vilches. Iglesia de San Miguel
Vilches. Calle Corredera.
Vilches. Calle Corredera.
Vilches. La Canaleja
Vilches. La Canaleja
Vilches. Salida de la población por La Canaleja
Vilches. Salida de la población por La Canaleja
Vilches. Zona de las cuevas y pilar de La Canaleja
Vilches. Zona de las cuevas y pilar de La Canaleja

Tras la bifurcación continuaremos el avance, ignorando una clara desviación que sale por la izquierda, hasta llegar a la zona inundable (wp-06), la cual reconoceremos por el cambio en el tipo de vegetación que a partir de aquí se nos presenta. No podremos continuar de frente ya que nos introduciríamos en las aguas del embalse; si fuera posible vadearlo, saldríamos por la otra orilla directamente a la venta de los Arquillos. Por tanto, tomaremos un camino agrícola hacia la izquierda que se encuentra bien perfilado e irá bordeando la orilla inundable en todo momento.

Recorrido un trecho, pasaremos junto a un cortijo en uso (wp-07) y cruzaremos un bonito pinar. A la salida de este, por la izquierda, nos saluda el viejo cortijo de Juanillo Reyes (wp-09); si el año viene generoso en lluvias, en este tramo el camino rozará el nivel de las aguas del embalse. Pronto nos toparemos con otra edificación, el cortijo de San Alejo (wp-10), una importante explotación agrícola en su tiempo y hoy convertida en pura ruina. Seguiremos bordeando el embalse para volver a introducirnos en el olivar y salir a la carretera A-301 (wp-12). En este punto y durante el tramo de asfalto por el que transitaremos, debemos extremar la precaución debido al tráfico que soporta.

Vilches. Cortijo de San Alejo
Vilches. Cortijo de San Alejo
Vilches. Cortijo de San Alejo
Vilches. Cortijo de San Alejo
Vilches. Cortijo de San Alejo
Vilches. Cortijo de San Alejo

Alcanzamos el largo viaducto de los Dieciocho Arcos que cruza el embalse del Guadalén (wp-14), construido en los años cincuenta del siglo pasado, ya que el puente anterior quedó sumergido por el embalse aguas abajo. Una vez atravesado, podemos desviarnos hacia el antiguo trazado de la carretera, por donde caminaremos más cómodamente. Lo haremos durante aproximadamente quinientos metros hasta llegar a un pequeño cortijo (wp-15) donde arranca el camino que nos llevará a Arquillos (wp-16).

Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos
Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos
Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos
Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos
Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos
Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos

Este camino, antigua línea divisoria de suertes de la época de la colonización, nos conduce en línea recta a nuestro destino y confluye al final del trayecto, tras pasar junto al cementerio municipal, con el camino que se dirige a la pedanía de El Porrosillo (wp-18). Entraremos a la localidad de Arquillos frente a la torre del Reloj, una curiosa edificación que adorna la plaza del mismo nombre, y por fin daremos por finalizada la jornada en la plaza de la Iglesia, frente a la parroquia de la Inmaculada Concepción, flanqueada por las sobrias casas del cura y del comandante, que datan del siglo XVIII, de la época de la fundación.

Arquillos. Torre del reloj.
Arquillos. Torre del reloj.
Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción flanqueadas por las casa del Cura y Comandante
Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción flanqueadas por las casa del Cura y Comandante
Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción
Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción
Powered by Wikiloc