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RUTA 1 ETAPA 5 DERIVACIÓN 2 (R1E5D2): SANTISTEBAN DEL PUERTO. RUTA PERIURBANA







SANTISTEBAN DEL PUERTO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI: EL ECO MÍSTICO DE SANTA TERESA Y SAN JUAN DE LA CRUZ.

Hay momentos en la historia en los que los caminos de la tierra se cruzan con los del espíritu. Durante la segunda mitad del siglo XVI, los agrestes paisajes de la comarca de El Condado, en Jaén, fueron testigos del paso de dos de las mentes más brillantes y elevadas de la cultura y la espiritualidad española de la época: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. En sus viajes de fundación y reforma de la orden del Carmelo, sus plantas hollaron el suelo de Santisteban del Puerto, una villa que por entonces latía al compás de un siglo de luces, sombras y profundas transformaciones sociales.


Santisteban del Puerto no es un pueblo cualquiera de Jaén. Situado en la comarca de El Condado, el municipio descansa sobre un paisaje de tierras rojizas y olivos, custodiando un legado histórico y cultural tan profundo que es capaz de conectar la era de los dinosaurios con el esplendor señorial de la España medieval y moderna. Su historia no se mide en siglos, sino en millones de años. Su posición geográfica lo convirtió, desde siempre, en un «puerto» o paso estratégico natural entre la Meseta y Andalucía.

Santisteban del Puerto. Al fondo cerro del Castillo-Oppidum

Su pasado se remonta al Jurásico, aproximadamente hace 230 millones de años, mucho antes de que los humanos aparecieran por aquí, estaba poblada por grandes reptiles. Pruebas de ello, nos han quedado en el conocido como paraje de «Las Tres Eras», 24 huellas fosilizadas de arcosaurios (ancestros de los dinosaurios), hoy declaradas Monumento Natural.


Los primeros asentamientos humanos, durante el cuarto milenio antes de nuestra era, dejaron su huella en las sierras del entorno en forma de arte rupestre esquemático, en las cuevas del Apolinario y de la Morciguilla catalogadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pinturas rupestres de la Morciguilla

El Esplendor Íbero viene de la mano de un oppidum (poblado fortificado) íbero llamado Ilurgeia que tras la conquista romana en el 192 a.C., pasa a llamarse Ilugo y obtiene el estatus de municipio bajo el emperador Adriano. En esta época, Ilugo comienza a jugar un papel predominante en las comunicaciones ya que en el lugar se desdoblaban la Vía Augusta y la Vía Cartaginesa. Durante la época visigoda, el nombre deriva a San Esteban y más tarde, durante la etapa islámica se convierte en una plaza fuerte defensiva amurallada (Sant Astiban). En 1226, el rey Fernando III el Santo la reconquista para la Corona de Castilla.


Finalmente, la villa pasa a manos de la familia Benavides, y en el siglo XV se crea el Condado de Santisteban del Puerto, que más tarde (1793) se elevaría a Ducado, vinculándose finalmente a la prestigiosa Casa de Medinaceli.


EL SANTISTEBAN QUE PUDIERON CONTEMPLAR LOS OJOS DE LOS DOS GRANDES MÍSTICOS

En aquellos años del Renacimiento tardío, Santisteban del Puerto no era un pueblo cualquiera; era la cabeza de un importante Condado, era una villa señorial. Sus calles empedradas, en constante crecimiento, empezaban a ver florecer portadas de piedra con escudos nobiliarios y rejerías de forja, reflejo de una época en la que el orden señorial y la riqueza de la tierra dejaban su huella en la arquitectura del casco urbano. La villa se situaba de lleno en las «vereas» o cañadas ganaderas que utilizaban los pastores trashumantes de la Sierra de Segura. Este flujo constante de personas y bienes generaba una economía paralela de posadas y ventas, atrayendo con los años a funcionarios reales y recaudadores (incluido el mismísimo Miguel de Cervantes décadas más tarde).


La sociedad del Santisteban del quinientos era un fiel reflejo de la España de Felipe II: un microcosmos rígidamente jerarquizado donde el estamento determinaba el destino de cada habitante. La nobleza local y los hidalgos la representaba una élite de familias notables que controlaba el poder político local y las mejores tierras. Vivían de las rentas y de la ganadería, y buscaban perpetuar su apellido fundando capellanías y oratorios. El clero, con una presencia abrumadora, formaba un estrato de enorme influencia. Había una fuerte distinción entre el alto clero (beneficiados de las iglesias principales) y los clérigos más humildes o los miembros de las cofradías. El grueso de la población lo componían campesinos, pastores, pequeños artesanos y arrieros. Entre ellos, una inmensa mayoría de jornaleros cuya subsistencia dependía de las cosechas de cereal y el cuidado del ganado en un entorno que podía ser tan generoso como implacable.


La vida cotidiana en el siglo XVI estaba completamente sacralizada. El calendario no lo marcaban los meses, sino los santos y las fiestas litúrgicas. En el Santisteban que pudieron conocer Santa Teresa y San Juan de la Cruz, la vida religiosa gravitaba en torno a la monumental Iglesia prioral de Santa María del Collado, un templo erigido sobre las raíces de la historia del pueblo y epicentro de la fe local. La gran devoción de la villa —que ya contaba con siglos de arraigo a través de su antiquísima institución de la Mayordomía— era la Virgen del Collado. Junto a ella, el fervor popular se canalizaba a través de diversas cofradías (como la de las Ánimas del Purgatorio) que aseguraban el entierro y la salvación eterna de sus miembros. Santisteban no vivía aislada; era un nodo vital en las relaciones con su entorno. Su término municipal conectaba los olivares incipientes y las campiñas con las dehesas de la Sierra, esenciales para la ganadería trashumante. Mantenía una relación fluida, y a veces tensa por cuestiones de lindes y fueros, con las villas vecinas de El Condado y las ricas tierras de Úbeda y Baeza, auténticos focos renacentistas de la provincia.

Nuestra Señora del Collado

Por sus caminos no solo circulaban el grano, el aceite y el ganado, sino también las ideas. Fue precisamente esa red de caminos la que trajo a Santisteban el polvo de las alpargatas de San Juan de la Cruz en sus trayectos hacia el Calvario o Beas de Segura, y el traqueteo del carro de Santa Teresa. Este florecimiento de las rutas de comunicación y el fervor religioso propiciaron que Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz cruzaran sus caminos con los de Santisteban del Puerto en momentos cruciales de sus vidas.

Lugar donde se situó la Venta y Ermita de San Andrés

Entre febrero y mayo de 1575, la Madre Teresa viajaba desde Beas de Segura a Sevilla, tras fundar el convento segureño, primer convento de Carmelitas Descalzas de toda Andalucía. Su paso por tierras de Santisteban quedó registrado explícitamente en el Libro de Recreaciones escrito por la mística María de San José, quien formaba parte de aquella comitiva. En el texto relata cómo, tras una dura jornada de viaje, el grupo tuvo que buscar refugio: «fuimos a tener la noche en una ermita de San Andrés, que está debajo de la villa de Santisteban». Esta pequeña ermita, situada junto a la venta del mismo nombre, servía de apoyo logístico y descanso antes de afrontar los exigentes caminos de la sierra. Tres años después, en otoño de 1578, Fray Juan de la Cruz llegó a la provincia de Jaén tras su agónica y célebre fuga de la cárcel de Toledo, con la salud quebrantada, enviado a Andalucía para recuperarse, siendo nombrado prior del convento de El Calvario, en el entorno de la Sierra de Segura. Su paso por Santisteban no está documentada, pero sin duda, tuvo que hacerlo necesariamente por el mismo lugar que la madre Teresa, si no descansó en la misma ermita que esta antes de afrontar el camino hacia Beas de Segura.

Construcción moderna sobre la antigua Venta de San Andrés

Vista de Santisteban del Puerto desde la venta de San Andrés

Pasear hoy por Santisteban del Puerto es, en cierta medida, hacer un viaje en el tiempo. Entre el viento que sopla en el Collado y el silencio de sus rincones antiguos, todavía parece quedar flotando un eco de aquellos versos y oraciones que los poetas de lo divino sembraron en la Jaén del siglo XVI.




LA RUTA

Partimos del centro de la población, adonde llegaremos más tarde al finalizar. Bajamos buscando la carretera de Villacarrillo, pero antes visitamos el coso taurino, que muestra la afición existente en la comarca. Tomamos la carretera que comunica con Las Villas y llegamos, a la salida de la población, al pilar de la fuente Juanes, donde abandonaremos el asfalto por un camino acondicionado que nos alzará —poniendo a prueba nuestra forma física por los tramos en rampa que soporta— al cruce con la cañada de Úbeda, donde haremos un descanso en la apacible fuente de la Alcoba.

Santisteban del Puerto. Coso taurino

Inicio de la carretera de Villacarrillo

Fuente Juanes

Camino de las cuevas

Camino de las cuevas


Cañada de Úbeda

Fuente de la Alcoba

Fuente de la Alcoba

Desde allí nos dirigimos a la primera cota del día: el cerro de la Guarida, donde se encuentran una covacha, una fuente y los restos de lo que pudo ser una atalaya de vigilancia. Desde aquí se abre una fabulosa panorámica de Santisteban desde la que apreciar el trasiego de la población.

Cerro de la Guarida. Fuente y covacha

Cerro de la Guarida. Restos de construcción fortificada

Panorámica de Santisteban del puerto desde el cerro de la Guarida

Regresamos al camino para comenzar a descender hacia la población, pasando por el túnel de la guarida.

Túnel de la Guarida

Llegamos a las primeras casas y bordeamos de punta a punta el pueblo recorriendo la calle Nueva, Buenavista, Murallas y Vista Alegre hasta salir de nuevo de la zona urbana por el lado contrario, ya en la base del cerro de San Esteban.


Panorámica desde la calle Muralla. Destaca la torre de la Iglesia de San Esteban

Antes de alcanzar la cota de este cerro, visitamos la fuente del Milagro.

Fuente del milagro

Volvemos sobre nuestros pasos a la entrada del pueblo para enfilar las duras rampas de subida al oppidum del cerro de San Esteban, eso si, por un bonito camino adoquinado que facilita el avance a pesar de la dificultad. Una vez arriba, nos sorprende los miradores habilitados para contemplar una de las más sorprendentes panorámicas de El Condado. Recorremos la planicie en toda su extensión, hacemos un merecido descanso y comenzamos el descenso, ahora para callejear por el pueblo.

Restos del castillo

Mirador del cero del Castillo

Panorámica desde el cero del Castillo. Al fondo el cerro de la Guarida

Panorámica desde el cero del Castillo


Volvemos a la calle Murallas y, por un estrecho callejón, alcanzamos la iglesia de Santa María del Collado, un lugar para perderse contemplando los contrastes de los diversos estilos con los que se construyó a lo largo del tiempo. Dejamos el templo y continuamos descendiendo por las pendientes calles hasta alcanzar la iglesia de San Esteban. De allí nos trasladamos a la coqueta plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra la casa museo del escultor Jacinto Higueras.

Callejón de la zona alta

Iglesia de Nuestra Señora del Collado

Iglesia de Nuestra Señora del Collado

Iglesia de San Esteban

Iglesia de San Esteban


Plaza del Ayuntamiento

Plaza del Ayuntamiento


Plaza del Ayuntamiento


Buscamos el inicio de etapa continuando descendiendo, pasamos por la puerta del mercado municipal y pasamos por la plaza y fuente del héroe local, artillero Cabot. Seguimos caminando y la calle nos desemboca en la ermita del Egido y plaza de la Coronación, erigida en el lugar donde la tradición dice que se apareció la Virgen del Collado. Aquí damos por finalizado este recorrido por la población de Santisteban del Puerto; queda, si acaso, recorrer y perderse por sus callejuelas y descubrir los rincones cotidianos.

Plaza y fuente del artillero Cabot

Plaza y fuente del artillero Cabot


Ermita del Egido




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RUTA 1 ETAPA 6 (R1E6): SANTISTEBAN DEL PUERTO - CASTELLAR




AL SANTUARIO DE LOS ÍBEROS








Partimos rumbo a un lugar mágico: Castellar. Quienes no conozcan esta localidad se verán gratamente sorprendidos al encontrarse, en un palmo de terreno, con un sinfín de tesoros históricos.


Situada sobre una amplia explanada que domina tanto la comarca de El Condado como el valle del Guadalimar, la población nos muestra en el horizonte Sierra Morena, a un lado, y las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, al otro. Presidiendo el casco urbano encontraremos la torre del homenaje, único vestigio del castillo de Pallarés de los Benavides, edificado probablemente sobre restos árabes. Años más tarde, en el siglo XVI, se levantó el palacio ducal de Medinaceli cuando se elevó el rango de nobleza de la casa de Benavides. Actualmente, la torre alberga dos espacios que no debemos dejar de visitar: el Centro de Interpretación de la Cueva de la Lobera y el propio Ayuntamiento.



Castellar. restos del castillo de Pallarés. Actual Ayuntamiento

Frente a la torre se halla la iglesia colegiata de Santiago, un impresionante edificio auspiciado, cómo no, por los Benavides y declarado monumento histórico-artístico. Resulta imprescindible su visita, especialmente al patio y a la sacristía. Frente a este templo, y cruzando bajo el arco de la torre del homenaje, desciende una preciosa calle escalonada que conduce a la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación.


Castellar. Colegiata de Santiago

La gran joya de la localidad se encuentra a escasos dos kilómetros en dirección a levante: el santuario íbero de la cueva de la Lobera. Se trata de un sobrecogedor escarpe rocoso que alberga varios abrigos naturales desde los que se controlaba el paso por la vía Heráclea y donde, a tenor de los restos arqueológicos hallados, se ubicó un importantísimo lugar de culto de la Oretania. Lamentablemente expoliado a lo largo de los años, del yacimiento se han podido recuperar y conservar numerosos exvotos de bronce. Una peculiaridad singular del enclave coincide con los equinoccios de marzo y septiembre, fechas durante las cuales el sol logra abrirse camino directo hasta el fondo de la cueva, proyectando una silueta semejante a algunos de los exvotos allí encontrados; un fenómeno astronómico y sagrado que bien puede explicar la elección del lugar como santuario por parte de nuestros antepasados hace más de dos mil años.


Castellar. Cueva Lobera

LA RUTA

Tenemos por delante una etapa corta y cómoda entre Santisteban del Puerto y Castellar. Sin embargo, la densidad de lugares y visitas que podemos realizar para conocer esta preciosa comarca llenará, sin duda, el tiempo del andariego. Conocer a fondo Santisteban, divisar la comarca desde el oppidum del cerro del Castillo, acercarnos para contrastar panorámicas al cerro de enfrente (la Guarida), visitar la iglesia románica de Nuestra Señora del Collado, el Museo de la Familia Higueras, detenernos contemplativamente en la venta de San Andrés para reflexionar sobre la carga histórica del lugar, acercarnos a la cueva de la Lobera en Castellar, ver la colegiata de Santiago y el Museo de Arte Íbero... Todo ello llenará, sin duda, el tiempo de andorreo que hoy nos espera.




Dejamos Ilugo (wp-01) por el camino de la Sierra (wp-02), asfaltado en su primer tramo, hasta llegar a una horquilla viaria donde conectamos de nuevo con la vía Augusta. Unos metros más adelante cruzamos la vereda real; entre ambas vías se encuentra la vetusta y conocida venta de San Andrés (wp-04), o más bien el espacio histórico sobre el que se asentaba. Un hito descolorido por el sol y un descampado junto a la edificación actual son lo único que queda para poder imaginar a la comitiva de santa Teresa deteniéndose a descansar aquella noche del 18 de mayo de 1575, en su viaje iniciado en Beas de Segura con destino a Sevilla. Según la descripción de la monja María de San José, las religiosas y la Santa hicieron noche en la ermita allí existente, probablemente ubicada en el descampado frente a la venta, 1 del que tenemos testimonio gráfico gracias a una acuarela de Pier Maria Baldi realizada en su viaje, casi cien años después, cuando acompañaba a Cosme de Médici. 2 Quién sabe si nuestro fraile andariego también se detuvo en su trasiego en el mismo lugar donde lo hiciera su célebre y contemporánea compañera de aventuras.



Venta de San Andrés en la bifurcación de caminos

Actual edificio en lo que fue la Venta de San Andrés

Acuarela de Pier María Baldi en la que se aprecia la ermita y venta de San Andrés y Santisteban del Puerto al fondo.

Imagen desde una posición similar a la acuarela de Pier maría Baldi.

Tomaremos la vía Augusta (wp-03), aunque por poco tiempo, ya que tras caminar un par de kilómetros, y al llegar a las ramblas de la Platera —justo frente al cortijo que allí se levanta (wp-06)—, el camino se bifurca (wp-05). La vía Augusta o camino de Aníbal se desvía por la izquierda en dirección nordeste buscando Montizón, para atravesar la sierra y llegar a tierras manchegas. El camino que a nosotros nos interesa seguir, el de la derecha, es también heredero de la época romana: se trata de la vía Cartaginesa, que toma un rumbo claro hacia levante.



Desde este punto el trazado se aproxima visiblemente a la carretera, aunque manteniendo cierto margen con ella. Cuando comience a separarse de la calzada principal porque asciende buscando la localidad de Castellar deberemos estar muy atentos, ya que pronto se desprenderá el sendero que debemos tomar (wp-07). Este nos permitirá alcanzar, tras confluir con la carretera y cruzarla, el camino de ascenso a Castellar, adonde llegaremos, como ya es habitual en nuestro recorrido por El Condado, tras una severa subida que servirá de preámbulo a nuestra entrada en la población.


Camino de ascenso a Castellar. Se divisa la torre de la Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación

Acceso a Castellar cruzando la carretera del Condado. La continuación se aprecia al fondo.

Llegando a Castellar

Castellar. Plaza de la Constitución

















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  1. El viaje de Santa Teresa por la provincia de Jaén: una propuesta de ruta de senderismo histórico. Manuel Roll Grande. III Congreso Virtual sobre Historia de la Caminería del 15 al 30 de Septiembre de 2015. ↩
  2. Cosme III de Medici; El gran Duque de la Toscana en Santisteban del Puerto. Gabriel Carrasco Hurtado. Disponible en: http://gabrielsagra.blogspot.com/2017/12/cosme-iii-de-medici-el-gran-duque-de-la.html. ↩