EN ANDALUCÍA
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| El Centenillo |
¿Qué fue lo primero que vio nuestro andariego al llegar a Andalucía?
¿Por donde cruzó el muro que separa Castilla de Andalucía?
En la presentación de este primer andorreo ya reflexionamos sobre las opciones que el maltrecho fraile tenía para alcanzar su destino andaluz desde Almodóvar del Campo, donde se encontraba tras su fuga de la cárcel de Toledo y tras asistir al primer capítulo que los disidentes descalzos celebraban.
Dado que las diferentes fuentes que se ocupan de trasladar al recién nombrado prior de El Calvario a su destino no coinciden en el itinerario seguido,1 personalmente me decanto por situar la entrada del frailecito en Andalucía por la cañada de la Plata, en lugar de por el camino real, donde podía ser fácilmente localizado. Por tanto, la primera tierra andaluza que Juan de Yepes pudo ver fue la agreste y fragosa Sierra Morena; concretamente, el cerro y la cueva de los Caballeros, Navalagallina y Cielo Abierto, lugar donde actualmente se asienta el poblado minero de El Centenillo, obviamente aún inexistente en la segunda mitad del siglo XVI.2
Las Tres Hermanas y Peñón Jurado tuvieron que ser testigos del paso de cuatro individuos o, mejor dicho, tres y medio, en palabras de santa Teresa al referirse cariñosamente a su «medio fraile». Con toda seguridad, guiaba la comitiva el padre Francisco de la Concepción, prior de La Peñuela y presunto conocedor de esta inusual vía de comunicación; los otros dos acompañantes eran los criados del canónigo Pedro de Mendoza, con la misión de llevar a nuestro protagonista, sin novedad, a su destino.
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| Las Tres Hermanas. Entre la central y la de la izquierda, discurre la cañada de la Plata y, posiblemente, por donde paso San Juan de la Cruz |
Conocer El Centenillo es una inmersión apasionante en la historia de una población con un recorrido temporal de apenas cien años, situada en un lugar ya bien conocido por el pueblo romano. No en vano, los pioneros ingleses se sirvieron de los vestigios dejados por estos para montar su emporio minero. La construcción ordenada del poblado y su cuidada organización de la vida social y laboral, atendida hasta el último detalle, constituyen una apasionante aventura llena de circunstancias que merecen ser exploradas por quien aquí se acerca. Nada tiene esto que ver con el paso de nuestro fraile, pero sí constituye un valor añadido a nuestro andar actual.
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| Pozo Santo Tomás. En su interior se localizaron tres tornillos de Arquímedes, utilizados en época de explotación romana para para desagüe de la mina. |
Teniendo en cuenta que consideramos La Peñuela como kilómetro 0 de este y otros andares que vendrán, tomaremos esta primera etapa como una precuela, ya en tierras andaluzas, del recorrido que probablemente hicieron desde Almodóvar del Campo a La Peñuela. Por tanto, con ánimo de emular aquel primer encuentro con esta tierra, iniciaremos nuestra andadura en la, entonces inexistente, localidad de El Centenillo, pedanía de Baños de la Encina e históricamente ligada a la ciudad de La Carolina, donde se ubicó el convento de La Peñuela, primera y última paradas del santo en sus viajes por Andalucía.
LA RUTA
En El Centenillo iniciamos nuestro periplo en la Corredera, arteria principal y antiguo centro neurálgico del poblado minero (wp-01). En ella se localizaban las oficinas de la empresa, donde se entregaban las «chapas» (credenciales) a los mineros. Allí también se encontraba el casino, auténtico saloon donde mineros, administrativos y facultativos tenían su espacio de ocio, aunque con ubicaciones bien diferenciadas. En la Corredera se despedía asimismo a los difuntos que tomaban el camino a La Carolina para recibir sepultura al no contar el poblado con cementerio municipal; era, al fin y al cabo, un lugar de paseos de ida y vuelta, de encuentro, de charla y un auténtico mentidero de la época.
| El Centenillo. Estatua de un minero en recuerdo al pasado. |
Nos dirigimos hacia la plaza de la Iglesia dejando a uno y otro lado bonitas casas de estilo colonial bien conservadas.
| El Centenillo. Calle Santa Bárbara o de la Iglesia. En esta calle residían los facultativos y empleados de alto nivel de la empresa. |
En la plaza nos topamos con la iglesia, dedicada a la advocación de la Inmaculada Concepción, en un entorno por el que no parece haber pasado el tiempo y que conserva algunas viviendas significativas: a la izquierda, en el centro, la antigua morada del cura; a continuación, haciendo esquina, la oficina de farmacia.
| El Centenillo. Plaza de la Iglesia e Iglesia de la Inmaculada Concepción. |
Tomamos la calle que sale por la izquierda y, tras una pronunciada rampa de ascenso —la calle del Hospital—, pasamos entre el viejo hospital a la izquierda (hoy casa de retiro de religiosas) y el cuartel de la Benemérita a la derecha, recientemente rehabilitado y convertido en alojamiento rural. Desde este punto divisamos una panorámica fabulosa y, en días de atmósfera limpia, un nítido horizonte de las sierras de Segura y de las Villas.
| El Centenillo. Vieja Casa-Cuartel de la Guardia Civil, antes de ser rehabilitada. |
Comenzamos un vertiginoso descenso que nos llevará por terrenos del filón norte, una de las primitivas explotaciones de Cielo Abierto, pasando cerca del pozo Rancheros y rozando la carretera algo más abajo. Continuamos perdiendo altura por el viejo camino de La Carolina, transitando por un bonito pinar. Más adelante, por la derecha, confluimos con un amplio camino que viene rodeando el cerro Lorente desde el pozo Mirador e, irremediablemente, nos conduce a la carretera que se dirige a La Carolina, en la base del cerro de la Cuna (wp-02).
| Panorámica desde la salida de El Centenillo. |
| Viejo camino de La Carolina que discurre por la demarcación del filón norte. |
| Panorámica en el descenso desde El Centenillo. Se divisa La Carolina, el cerro de la Cuna por la izquierda y, en el horizonte, la sierra de Las Villas. |
| Característico cerro del Guindo desde el camino viejo de La Carolina. |
Aunque avanzamos por una carretera de baja afluencia de tráfico, debemos caminar con precaución, ya que se trata de una vía estrecha y casi sin arcén. Por tramos pasamos entre trincheras abiertas a pico y martillo, entre restos mineros a uno y otro lado —especialmente por la izquierda, en terrenos de la mina la Inglesita— y junto a las portadas de acceso de importantes fincas ganaderas de Sierra Morena. En una larga recta, por fin, avistamos el puente de la Pasada del Castaño, localmente conocido como puente del río los Curas por su proximidad a la mina del mismo nombre, el cual bien merece una parada para contemplar el frondoso bosque de ribera que lo abraza (wp-03).
| Puente de la pasada del castaño, localmente más conocido como puente del río los Curas |
Tras esta pausa para recuperar el resuello —pues nos hará falta para afrontar el primer ascenso de la jornada—, iniciamos una endiablada subida hasta el collado del poblado minero de El Guindo, donde se ubica el camino de acceso a este y algunos elementos alegóricos del esplendoroso pasado minero de la zona (wp-04).
| Elementos mineros colocados de manera decorativa a la entrada del poblado minero de El Guindo |
Si lo deseamos y vamos bien de tiempo, desde el cruce de entrada podemos desviarnos para visitar este disperso poblado minero e incluso llegar hasta la boca del pozo principal; un recorrido que nos demorará unos 90 minutos entre la ida y la vuelta. Tanto si optamos por este desvío como si no, pronto comenzaremos a descender; efectivamente, iniciamos un nuevo y largo descenso en esta etapa que resulta ser una auténtica «rompepiernas». Al finalizar las últimas casas del poblado, en una marcada curva a la derecha, se inicia un importante desnivel que anuncia la conocida como cuesta del Ancla.3. Terminada esta, el camino se torna más nivelado, pero continúa descendiendo en busca del cauce del río de la Campana. Cruzaremos el puente de un arroyo subsidiario de este (wp-05) y, a partir de aquí, andaremos atentos, ya que pronto abandonaremos el asfalto para tomar una vía pecuaria. Identificaremos el lugar porque, por la izquierda, se abre un camino y, por la derecha, el quitamiedos de la carretera deja un hueco para el paso del ganado (wp-06). Tomamos la senda de la trashumancia, pasamos el vado de dos arroyos menores (wp-07 y wp-08) y, por fin, alcanzamos la confluencia del río de la Campana con el río Renegadero (wp-09).
Tras cruzarlo y salir a la carretera que se dirige al pozo Federico, seguiremos por la margen derecha del río de la Campana; primero por un buen camino y después por unas lajas de pizarra que nos devuelven a un reconocible sendero. Este nos llevará hasta el puente de los Cinco Ojos (wp-11), localizado en el entrecruzamiento de la vía pecuaria y el antiguo camino del Contadero. Este puente, de claro origen medieval y posibles reminiscencias romanas, se propone históricamente como el paso que utilizó el frailecito para llegar a su primera posada andaluza: el convento de La Peñuela.
| Puente de los cinco ojos, por donde cruza el camino del Contadero el río de la Campana. |
| Lateral del puente de los cinco ojos. |
En el puente dejaremos la vía pecuaria, que continúa al frente pasando junto a los baños de el Sordo para salir al paraje de la mina Aquisgrana. Tomamos el camino del Contadero, ya asfaltado, el cual sin dilación nos exigirá otro esfuerzo ascendente. A media subida encontraremos un remanso de paz y un lugar excelente para descansar; seguramente aquí se detuvo la comitiva a reponer fuerzas y beber un trago de agua fresca, pues se trata de la conocida localmente como fuente de la Gallega o de San Juan de la Cruz (wp-12). En este primer paso, así como en sus posteriores visitas y estancias (sobre todo durante la última), el fraile realizaría más de una escapada clandestina a este poético lugar.
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| Fuente de la gallega o de San Juan de la Cruz |
Desde allí ya tenemos casi a tiro de piedra la ermita de La Peñuela (wp-13), el primitivo oratorio de la comunidad carmelita reformada, encantador espacio de descanso y meditación donde se ubica la leyenda de su bilocación tras fallecer en Úbeda. Aunque el convento de La Peñuela se encontraba unos metros más arriba de la ermita, tras recorrer diecisiete kilómetros durante unas cuatro o cinco horas, daremos por concluida nuestra etapa en este extraordinario lugar.
| Ermita de La Peñuela |
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| Ermita de La Peñuela. Al fondo, el primitivo oratorio y presidiendo, el cuadro de Sánchez Sola que evoca el milagro de la bilocación. |





