Ya se acerca nuestro frailecico a su destino inmediato. Ya va dejando la comarca de El Condado, el camino que ha venido andorreado por la franja norte de Jaén, siempre lindando con la Mariánica que nos ha acompañado desde que asomó por aquellas riscas de las Tres Hermanas, por donde conoció por primera vez Andalucía. Entraremos sutilmente, siguiendo su huella, casi sin hacer ruido, en la comarca de la sierra de Segura.
Mudaremos los horizontes, y el canje lo realizamos por un lugar con intenso regusto carmelita: el Portichuelo. El lugar donde decimos adiós al infinito Condado y desde donde avistamos, en el horizonte, la sierra segureña tiene el regusto carmelita, porque allí, en el Portichuelo, en su fuente y floresta, documentan varios autores el descanso que realizó Santa Teresa en su viaje de Beas de Segura a Sevilla1., un curioso episodio de “misticismo rústico” donde narran que del lugar difícilmente pudieron sacar a la Madre, embebida, como dice una testigo, “porque con la diversidad y canto de mil pajaritos toda ella se deshacía en alabanzas a Dios”.
Posible fuente de El Portichuelo actualmente cerrada.
El tramo que nos aguarda, fue usado ancestralmente por los pastores serranos, aquellos que desde el altiplano segureño se veían obligados a abandonar los crudos inviernos y bajarse a las Andalucías, como le decían por entonces a esta tierra, cuando aquello era Reino de Murcia y esto, Reino de Jaén. Actualmente, aunque con menos intensidad, se continúa desarrollando esta ancestral actividad, constituyendo un espectáculo anual y un mérito para los pastores trashumantes que continúan practicándolo.
Cordel de El Condado
Desde al Portichuelo, cuyo acertado topónimo no deja lugar a dudas, podemos divisar en la lejanía las cumbres del Natao que señalan inequívocamente nuestro destino: Beas de Segura. Antes, hay que cruzar el valle del Guadalimar y cruzar este río Colorao como es conocido por los contornos por el puente mocho ganadero y transhumante.
Puente Mocho sobre el río Guadalimar
Puente Mocho, recientemente remodelado
A Beas llegará, por fin, un fraile caquéctico, arrastrando aún las secuelas del cautiverio, agotado, postrado, sin aliento. Sorprende su estado, según la documentación, a las monjas del convento fundado unos años antes por la Madre Teresa, tal es su ánimo que se derrumba ante coplillas melancólicas que le cantan para animarlo. Allí se encuentra con una mujer que, sin sospecharlo aún, será un baluarte en su misión, Ana de Jesús, priora del convento con la que no hace buenas migas a su llegada, solo después de que Santa Teresa lo bendiga epistolarmente, ganará su confianza, hasta el punto de que serán inseparable en los años siguientes. Allí, en Beas, permanece algunos días, recuperándose, antes de emprender su camino al silencio y la soledad montaraz que tanto buscaba.
“Es Beas una villa netamente andaluza: casitas enjalbegadas con rejas en los ventanales y balconcillos cuajados de macetas; calles estrechas, limpias y desiguales. Mira a poniente, abierta en abanico a orillas del riachuelo que baja de la sierra y corre de sur a norte para perderse en el Guadalimar”. (Crisogono de Jesús).
Beas de Segura actualmente
Beas de Segura actual, coincidente con la descripción de Crisogono
LA RUTA
Partimos de Castellar, desde la plaza de España nos introducimos en la avenida de Andalucía, eje vertebrador de la villa donde, en un palmo, encontraremos numerosos lugares admirables. La calle se encuentra repleta de casas señoriales de amplios ventanales y balconadas, da gusto caminar por aquí embobado. Pronto divisamos un torreón, la torre del homenaje, resto del castillo de Pallares que dio nombre a la población y donde se aloja el museo de arte Íbero y centro de interpretación de la cueva Lobera. Enfrente nos vemos sorprendidos por la iglesia-colegiata de Santiago, que data del S. XIII, construida sobre una mezquita. Continuamos disfrutando de esta preciosa calle que a partir de aquí torna el nombre por Paseo de la Consolación y que poco a poco nos va sacando del pueblo. Descenderemos para dejar la meseta donde se asentó el castillo y dio origen a la villa, acercándonos por un bonito paseo a la fuente de los caños, a la salida del pueblo, junto a la carretera del Condado. Poco antes, a la derecha se desprende el sendero que nos lleva a la cueva Lobera.
Castellar. Avenida de Andalucía
Castellar. Monumento Íbero
Castellar. Detalle de Santiago en la fachada de la Colegiata
Castellar. Colegiata de Santiago
Salida de Castellar por la fuente de los caños
Cruzamos la carretera y por el lado contrario tomamos el camino de la Capilla hasta que llegamos a un reconocible cruce. Se trata de la vía pecuaria que seguiremos por la derecha, es el camino del Condado que no entra en Castellar. Continuamos en ligero ascenso y si dirigimos la vista a la derecha, veremos el farallón rocoso donde se sitúa el santuario Íbero de la cueva Lobera. Alcanzamos un lugar donde, aunque el paisaje no cambia, sino que el olivar se extiende por donde vamos, el horizonte si que es diferente ya que, al fondo, comenzamos a divisar la sierra de Segura y las Villas con sus cimas características. Estamos en el conocido como Portichuelo, donde señalábamos que los cronistas de la zona ubican el lugar donde descansó la Madre Teresa a la sombra de un vergel que ya no existe actualmente, pero que con mucha probabilidad se encontraba en esta zona, ya que, muy cerca, se ubica la caudalosa fuente del Portichuelo, actualmente cerrada y protegida por una edificación.
Llegando al Portichuelo
Portichuelo. Posible fuente de la floresta de Santa Teresa
Portichuelo, vista de la fuente desde el camino
Entramos pues en tierras de Segura, justo donde el camino desemboca en la carretera asfaltada que lleva a Chiclana. Tendremos que transitar por este tramo de vía algo mas de un kilómetro hasta encontrarnos de nuevo, por la derecha, con el camino de tierra de la vía pecuaria que inicia un vertiginoso descenso en busca de la pequeña localidad de El Campillo. Atravesamos el pueblecico y casi llaneando llegamos a divisar la siguiente población de estos extensos llanos olivareros: Camporredondo. Vadeamos el arroyo de Gutarrajas a la salida del pueblo y continuamos en este incesante y anodino caminar. Llegaremos a un amplio cruce donde giraremos a la derecha poniendo dirección en busca del conocido puente Mocho del Guadalimar o río "colorao", como se conoce localmente. Para ello, nos toparemos previamente con la carretera del Condado que debemos cruzar, entrando en un antiguo trazado de la vía pecuaria que nos lleva a atisbar pronto el río Guadalimar, ruidoso por aquí, debido a la cerrada que tiene que atravesar. Franqueamos el recientemente remodelado puente, conscientes de estar haciéndolo por un lugar cargado de historia, donde cada año se repite el tradicional vadeo de la trashumancia.
El Campillo. Iglesia.
Camporedondo desde el camino de El Condado
Puente Mocho
Puente Mocho
En la otra orilla, descansamos bajo una buena sombra, para retomar el aliento y acometer la subida hacia la meseta de El Cornicabral, donde se ubica un aeródromo civil junto al que caminaremos en casi toda la extensión de la pista de aterrizaje. Ya percibimos en la lejanía las blancas casas de nuestro destino, para llegar a ellas, tomaremos un tramo de la vieja carretera que descendía a la ventilla de Beas, pero la abandonaremos por un carril que se nos presenta a media altura por la derecha y que no dejaremos hasta llegar a la población. El camino, entre olivares primero, atraviesa bajo un túnel el impresionante talud que se levantó para la realización del trazado ferroviario a Utiel y que nunca se puso en servicio. A partir de aquí, aparecen los huertos junto al río Beas, que acompañaremos, teniendo como referencia en la otra orilla el campo santo, para orientarnos sobre la distancia restante. Ya a su altura, cruzamos el río Beas por un puente junto a la depuradora de aguas residuales y salimos a la carretera que se dirige a la población de la que nos resta, a penas, un kilómetro, que haremos por una vía acondicionada para caminar sin peligro. Entramos en la población y solo nos queda continuar en línea recta, callejeando, hasta alcanzar el convento de San José del Salvador donde daremos por concluida la etapa.
Beas de Segura. Monasterio de San José del Salvador.
Beas de Segura. Imágenes de Santa Teresa y San Juan de la Cruz
Beas de Segura. Monasterio de San José del Salvador.
(1)Corchado Soriano sitúa el acontecimiento en el Puente Mocho del Guadalimar: el día que salieron de Beas llegaron al medio día a cruzar el río Guadalimar donde existiría un espeso soto de cuya sombra no había manera de arrancar a la Santa. Recientemente, cronistas de la zona sitúan el lugar algo más retirado, en el lugar donde se entra, geográficamente, en la comarca de El Condado, el Portichuelo, donde existe cerca una caudalosa fuente actualmente cerrada por una edificación y dedicada al riego del olivar, así, describiendo la Vía Cartaginesa, dice: cuando la anterior Vía Augusta sobrepasa Santisteban y a la altura de Las Ramblas de Platera, le sale un desvío a la derecha, y con dirección hacia levante recorre: el Cortijo de La Orden y la Fuente del Portichuelo en Castellar (donde descansó Santa Teresa)". En De caminos y veredas (I); Jaime Mercado. Cronista oficial de Santisteban del Puerto; disponible en https://www.cronistasoficiales.com/?p=56247. Igualmente, en otro relato dedicado al camino que realizó la Santa por esta tierra, se comenta: A legua y media atravesaron por el puente viejo (Puente Mocho), sobre el Guadalimar, por el camino real y el del Condado que por Camporredondo iba derecho a Castellar. Sestearon en una hermosa floresta, de donde apenas pudieron sacar a la Madre, embebida, como dice una testigo, “porque con la diversidad y canto de mil pajaritos toda ella se deshacía en alabanzas a Dios”. Esta floresta era la Fuente del Portichuelo, cerca de Castellar, junto al camino real, a unos 22 kilómetros de Beas por el camino viejo. En Tras las huellas de Santa Teresa… Desde Torre de Juan Abad hasta Linares. Juan Miguel Gascón Álamo. Disponible en: https://www.santisteban.eu/2015/06/06/tras-las-huellas-de-santa-teresa/