Encontrándose San Juan de la Cruz en Baeza, ejerciendo de rector del Colegio carmelita de San Basilio, recibe la Orden, la donación de una hacienda y cortijo en el valle del río Guadalimar, término municipal de Castellar. La condición impuesta era la obligación de crear convento en el lugar, y que residieran en el mismo, de forma permanente, cuatro frailes para su administración. El lugar, la Granja de Santa Ana, parece que fue visitado en varias ocasiones por fray Juan según sus biógrafos, unas veces para gestionar su funcionamiento y, otras, para tomar unos días de retiro.1
Parece incierto que San Juan de la Cruz se encuentre relacionado, de alguna manera, con Sorihuela de Guadalimar. En la época que, tanto el fraile como Teresa de Jesús pasan por estas tierras, Sorihuela aún no ostentaba categoría de villa, condición adquirida en 1595 en que se desgajo de Iznatoraf, por gracia de Felipe II.
Sorihuela de Guadalimar
No obstante, algunos autores mencionan esta localidad entre sus recorridos 2, aunque no he podido encontrar, entre sus biografías, asiento documental que lo corrobore. Revisando el terreno si que se pueden encontrar dos lugares cercanos donde no parece haber dudas de su presencia, la Granja de Santa Ana y el transito por el cordel del Condado camino de Beas de Segura, y ambos, se encuentran a corta distancia de esta localidad. El camino tradicional, el cordel del Condado, que actualmente aún se usa en época de trashumancia, queda al norte, a algo más de 3 km, pasando por El Campillo y Camporedondo, pedanías de la cercana población de Chiclana de Segura, buscando el puente mocho del Guadalimar. La Granja de Santa Ana, otro lugar cercano de paso y estancia del fraile, equidista igualmente algo más de 3 km de la población de Sorihuela, pero en dirección SW y en término de Castellar.
Cruz del Convento-Granja de Santa Ana (erigida en 1971)
La explicación de que el autor relacione este núcleo como lugar de paso del fraile, puede deberse a que, el recorrido, se realizó en vehículo y no andorreando, en ese caso, la vía de comunicación desde Castellar a Beas de Segura es por carretera convencional, y si, transita junto a Sorihuela de Guadalimar. No obstante, para el propósito de ofrecer una alternativa al camino tradicional, a aquellos que cuando pasan cerca de aquí, camino de El Calvario, quieran aventurarse y visitar las ruinas de la Granja de Santa Ana, que quedan relativamente cercanas, contemplo y propongo un final de etapa en Sorihuela, considerándola como variante (V) o alternativa al camino seguido ancestralmente y propuesto como trazado principal. Sustituye, por tanto, el paso de El Portichuelo, que quedaría en el camino tradicional, por la Granja de Santa Ana, de gran significado en la vida y caminos recorridos por San Juan de la Cruz. Esta variante del Andorreo 1, esta duplicada en la descripción del camino que seguía, desde Baeza, para llegar a este lugar.
Mientras que la mayor parte del trayecto se realiza por camino, asfaltado o de tierra, el tramo de acceso a las ruinas y entorno de lo que fue la Granja de Santa Ana, es actualmente precario, debiendo atravesar un olivar y zona de monte durante un tramo de unos 400 m. Para la localización de los elementos que pueden apreciarse, es recomendable utilizar los puntos de interés marcados en el track que se proporciona.
LA RUTA
Partiremos de la coqueta y antigua Castellar (WP-01), de su plaza de España, y recorreremos su artería principal pasando por la colegiata de Santiago (WP-02) y los restos del castillo de Pallarés. La avenida de la Constitución, da paso a la de la Virgen de la Consolación que guiará el camino que ahora llevaremos. Tras salir de la población, encontramos una bifurcación bien señalizada que nos lleva por la derecha a seguir el camino de la ermita de la patrona de la localidad (WP-03). Lo hacemos por un camino asfaltado que va cortando las lomas, ahora llenas de olivar, por donde mejor puede hacerlo. Otra bifurcación (WP-05) nos hace optar por la derecha, la otra nos llevaría a una cantera abandonada. En el collado ya divisamos el primer destino, la ermita, justo antes de dejarnos caer vertiginosamente al cauce del arroyo del horcajo de Quintero (WP-06). Otro repecho, y llaneando un poco, alcanzamos los restos del castillo y la ermita dedicada a la Virgen de la Consolación (WP-07), un lugar espléndido para hacer un descanso en el camino.
Castellar. Colegiata de Santiago
Castellar. Castillo de Pallarés
Castellar. Ermita de Nuestra Señora de la Consolación
Nuestra Sra. de la Consolación
Placa conmemorativa
Continuamos la marcha regresando a la entrada del recinto, donde las grandes tinajas amarillas nos dieron la bienvenida y girando a la derecha para tomar el camino de Sorihuela. Pasamos por una cortijada con maquinaria propia para la limpieza de la recogida de la aceituna y avanzamos por un buen y nítido camino que, en tramos, evidencia los cantos rodados que aún perduran desde su adecuación. Llegamos a un punto en que se presenta una bifurcación; el camino natural, el que nos llevaría a Sorihuela, hace un giro a la izquierda, siendo más evidente. Sin embargo, optamos continuar por la derecha, un camino agrícola que nos desviará hacia el lugar de la Granja (WP-08). Pero antes, nos acercaremos unos metros al borde de la loma para contemplar la maravillosa panorámica que se presenta: el valle del Guadalimar y las cumbres de la sierra de las Villas y Segura al frente, destacando dos de las Cuatro Villas que conforman la comarca, Villanueva del Arzobispo abajo, e Iznatoraf dominando el terreno arriba.
Entrada al recinto del castillo y ermita de La Consolación
Valle del Guadalimar. Iznatoraf y Villanueva del Arzobispo en segundo plano (Fotografía: F. Berzosa)
Iznatoraf (Fotografía: J. Olivas)
Villanueva del Arzobispo (Fotografía: J. Olivas)
Continuamos por el camino agrícola, sin desviarnos por ninguna de las bifurcaciones que presenta y que nos llevará, tras descender por la loma, a un buen cortijo semiderruido, el cortijo Nuevo o cortijo de Cuesta Barrera (WP-09), que domina ampliamente toda esta loma del río Guadalimar. En este punto es desde donde debemos localizar la Granja de Santa Ana. La tenemos casi a tiro de piedra, a unos 500 m en línea recta y dirección netamente sur. Para alcanzarlo, lo mejor es apoyarse en el track para evitar dar rodeos innecesarios, ya que el destino se encuentra rodeado de monte y tiene difícil acceso salvo por el lugar por donde accederemos.
Cortijo Nuevo. Lugar de bajada al convento-granja de Santa Ana
Tendremos que introducirnos en el olivar que hay justo frente al cortijo, observando que, desde este, parte una linde que cae perpendicularmente por la ladera (WP-10). Bajamos por el lado derecho, el camino iba antiguamente marcando la linde y aunque en zonas se pueden aún apreciar los refuerzos del mismo, se encuentra prácticamente perdido, por lo que es más práctico caminar a unos metros, entre el olivar. Al finalizar este, comienza tierra de monte y se evidencia un murete por la izquierda que nos servirá de referencia, aunque mantengamos la distancia continuando la dirección sur.
Granja de Santa Ana. Fuente - minado
El breve tramo de monte vuelve a dar paso al olivar y por las trazas del terreno podríamos decir que accedemos al antiguo huerto de la granja de Santa Ana. Cerca, por la izquierda, nos topamos con una vieja alberca ya en desuso y la fuente minado que abastecía probablemente toda la finca (WP-11). De allí giramos por la derecha y subimos a un bancal superior, transitando por encima de la gran balsa de riego que aquí realizaron. Accedemos a la era, donde aún es reconocible su empedrado (WP-12) y desde donde ya apreciamos las reconocibles ruinas de la Granja-Convento de Santa Ana (WP-13). Subimos con cuidado por un senderillo para contemplar la entrada desde más cerca y acceder a la cruz conmemorativa que se erigió en 1971 (WP-14). Cumplido el objetivo, regresamos desandando el camino hasta el cortijo Nuevo (WP-09).
Convento - Granja de Santa Ana (ruinas).
Vieja era de la granja.
Cruz de Santa Ana (1971).
Ahora tomamos el ancho y buen camino que nos llevará a Sorihuela en un plis plas, antes, nos toparemos con otro de esos cortijos que merece ser contemplado y que ayuda a reflexionar como podría ser la vida años atrás por estos pagos, el cortijo de Antolín, (WP-15) uno de esos grandes asientos desde donde se dirigía la vida de multitud de personas que allí tenían su sustento. Lamentable ver el estado ruinoso en el que se encuentra. Poco después diviso, desde cierta altura, la localidad de Sorihuela, nuestro destino de fin de etapa. Entramos en la localidad por la fuente medieval de los Caños (WP-17) y el lavadero local (WP-18) muy bien restaurados. Por fin, callejeando, llegaremos a la renacentista y sobria Iglesia de Santa Águeda (WP-19), donde daremos por finalizada la etapa.
Cortijo de Antolín.
Cortijo de Antolín. Leyenda en el dintel de la puerta.