RUTA 1 ETAPA 8: BEAS DE SEGURA - EL CALVARIO




DESTINO FINAL: CONVENTO DE EL CALVARIO, EL PARAISO SERRANO

Tras la primera estancia en Beas, reponiéndose, llena de contrastes emocionales, nuestro andariego acomete la última etapa de este largo viaje que comenzó en Toledo, aunque nosotros por razones estratégicas, lo hayamos hecho desde su entrada en Andalucía.


Según se desprende de las fuentes consultadas, se marcha del monasterio de San José del Salvador sin dejar buena impresión en la priora, la madre Ana de Jesús, por algún comentario malinterpretado por esta, aunque pronto, a través de Teresa de Jesús queda debidamente aclarado. 1


Debió llamarle la atención el contraste entre el camino que ha traído hasta aquí, y el que ahora inicia. Sin piedad, nada más salir de Beas, la senda remonta fuertemente para entrar en la Sierra, alcanza la cuerda y vuelca igual de rotunda que empezó, buscando la cuenca del río Grande. Si la mirada atrás durante la subida es impresionante, imagino la emoción que debió sentir al cambiar hacia el otro lado, la panorámica es bestial para los sentidos.


Y pienso... si a mí, todo equipado, con algún que otro escarceo por la Sierra, se me apremia el resuello, ¿Cómo andaría aquella gente, con aquél calzado, o sin él, aquellos ropajes, o sin ellos, por estos caminos sembrados de incertidumbre?


Acabando el áspero descenso, casi llegando al río, se encontraba su destino, aquél desierto maravilloso, pero de condiciones extremas, donde encontraría la paz que tanto necesitaba tras el duro castigo al que había sido sometido. Por fin en su destino, por fin en El Calvario.


El convento al que San Juan se dirigía estaba a dos horas de caballo a través de colinas rocosas, cubiertas de pinos y hierbas aromáticas. Comprendía una alquería blanqueada, un pequeño oratorio y varios acres de huerta y tierra de cultivo que habían sido comprados dos años antes al párroco de Villanueva. Había una fuente rodeada de árboles en el patio exterior, y en los alrededores crecían olivos, pinos y encinas. El nombre original del lugar había sido Corenzuela, pero los frailes, al colocar allí un tosco vía crucis, habían cambiado ese nombre por El Calvario. 2


La llegada al convento de El Calvario actualmente conserva la belleza que tuvo que divisar en su día el frailecico. Aunque el cambio forestal de encinas, quejigos y todo tipo de matorral mediterráneo por el olivar que no cesa no se había producido aún, la imagen que nos regala el horizonte es impresionante. El amplio valle de Chincoya en su parte inferior, con el peñón centrándolo, por encima las murallas y los altos del Chillar superados por la mole de las Correderas. Hacia Levante, la piedra de la B, y por encima de todo, la "panza" del Torraso. Sin embargo, el andariego que recale hoy día por El Calvario, puede sufrir una extrema decepción. Aunque la panorámica le embobe el lugar no conserva vestigio alguno de lo que fue, tal vez la fuente y alguna pared hayan resistido los cambios. Convertido actualmente en una explotación agrícola con una vivienda y varias naves, dista de la ultima descripción escrita que he podido encontrar narrada por el hispanista Gerald Brenan que estuvo en el lugar siguiendo las huellas del Santo, estimo que por los años sesenta.


El sendero zigzagueaba entre entre espliegos, retamas y cistos, y en primavera podían encontrarse también pequeños lirios, junquillos y orquídeas (El autor ascendió a El Calvario desde la carretera de Villanueva a El Tranco, distante aproximadamente 1,5 km). Luego se pasa a un terreno más llano. Se oyen ladridos de perros, y detrás de unos matorrales se ven un par de edificios blancos, un pozo a la sombra de unos olmos, una capilla con una cúpula diminuta y unos cuantos viejos olivos. Por todas partes hay pinos y plantas aromáticas. 3


Finalmente, sabemos por varios autores, que el camino que describimos a continuación, de Beas de Segura a El Calvario, comenzó a realizarlo cada sábado, una vez resuelto el entuerto con la madre Ana de Jesús, para asistir espiritualmente a la congregación de monjas, regresando de nuevo el día siguiente. Teniendo en cuenta que en el convento de El Calvario estuvo viviendo aproximadamente ocho meses, podemos deducir fácilmente, que tal vez fue el trayecto que más frecuentemente recorrió.



LA RUTA

Arrancamos, al igual que seguramente lo hizo él, en la recoleta plaza de Santa Teresa (wp 01), donde se alza la puerta principal de monasterio de San José del Salvador, hoy presidida por las imágenes de los dos impulsores de la reforma Carmelita y por la torre campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Nos dirigimos hacia el apacible callejón de San Juan de la Cruz y salimos a la calle de la Feria que tomamos a la derecha pasando por la puerta del teatro Regio, giramos a la izquierda por el pasaje Albarracín que nos sacará al parque Virgen de la Paz. Buscamos el puente que nos permita cruzar a la otra orilla del río Beas, lo hacemos por el puente del Mercado, girando de nuevo a la izquierda para entrar en la calle Manuel Ardoy encaminándonos en dirección al polideportivo municipal y pasando junto al museo de usos y costumbres. Inmediatamente volvemos a girar a la derecha por una calle que nos anuncia como va a ser el inicio de esta ruta, una fuerte pendiente por las casas nuevas (wp 02) que nos lleva a la travesía de Ana de Jesús y de nuevo, al llegar a unas naves agrícolas girar a la izquierda para salir al campo, abandonando la localidad con un buen desnivel. Conforme ascendemos y nos alejamos de Beas, más bonito va haciéndose este precioso pueblo blanco serrano.

El comienzo, durante los primeros cinco kilómetros aproximadamente, hasta el paraje del Ojuelo (wp 04), se encuentra asfaltado, lo que permitirá que aligeremos el paso. Tras pasar el cortijo del colmenar del Ojuelo (wp 03), aunque nos sigue acompañando el olivar serrano, se empieza a respirar otra brisa, comienzan a aparecer manchas de monte que no llegaron a roturarse en su día y, poco a poco, nos acercamos a la cuerda que limita los términos municipales de Beas de Segura y Villanueva del Arzobispo (wp 06), en las faldas del cerro Corencia.


Bruscamente cambiamos de vertiente, iniciando un intenso descenso por un precioso bosque, el tramo de camino que pisamos por aquí se conserva con el pavimento antiguo, una delicia. Pronto volvemos al olivar y ya el camino se rompe por el paso de los vehículos agrícolas. Un primer cortijo en ruinas (wp 07) anticipa que próxima se encuentra la abandonada cortijada de los Nevazos. Desde que salimos del pinar hasta aquí, la panorámica que nos acompaña es espectacular, al encontrarnos cerca de los mil metros de altitud las cumbres de la Sierra de las Villas pueden divisarse nítidamente. Los Nevazos (wp 09) es buen lugar para hacer una parada y mirar ese horizonte que se nos presenta antes de afrontar la subida que tenemos pendiente hasta la cortijada de la Herrera.


Reiniciamos la marcha en ascenso llevadero, cambiamos la vertiente y rozamos dos cortijos, el de la buitrera que queda al margen del camino y otro ruinoso justo a nuestra derecha (wp 10) que nos anuncia el último repecho que habremos de afrontar para llegar a la Herrera, lugar donde algunas casas aún se encuentran en uso, al menos agrícola (wp 11).


A la entrada de la Herrera una bifurcación, si continuamos al frente, llegaríamos a Villanueva del Arzobispo, tomaremos por tanto, el camino que desciende por la izquierda entre las casas. Conforme se va introduciendo en el olivar más infame se hace, descarnado, difícil de andar, de gran pendiente, que me hace pensar lo que penaría el fraile cada sábado, al iniciar el camino a Beas para asistir a la comunidad de monjas que ansiadamente lo esperaban. Cada vez vemos más cerca el tajo que nos aproxima al Guadalquivir, lo tenemos casi debajo, enfrente el amplio valle de Chincoya nos sigue agradando la vista, haciendo que nos entretengamos en los detalles. Caminamos por el paraje de El Calvario muy cerca de nuestro destino, unas manchas de pinar anuncian la proximidad, lo encontramos súbitamente rodeado de olivas, por la izquierda se desprende el camino por el que se accede. Llegamos, una gran explanada a modo de ágora, la fachada de un cortijo que lo fue, otro en funcionamiento y un par de naves agrícolas, un pilar y un horno serrano, es lo que contemplaremos en el lugar. Aunque parezca increíble, aquí se ubicó el Monasterio de Nuestra Señora del Monte Calvario (wp 14).


Terminada la ruta comprenderemos que la permanente y cansina reivindicación que muchos mantenemos para que la política haga su trabajo, declare el lugar de interés (del que sea) y construya un albergue para andariegos no desvaría demasiado. Las opciones para salir de allí son, o desandar camino por esa cuesta infame hasta la cortijada de La Herrera y de allí decidir si tornamos a Beas de Segura, lugar de donde partimos, o nos dirigirnos a Villanueva del Arzobispo, todo ello con lo que llevamos ya en las piernas, convirtiéndose en una ruta muy difícil de realizar para algunos andariegos. La otra, continuar el camino que traíamos hasta llegar a la carretera que comunica Villanueva del Arzobispo con El Tranco. Deberíamos haber previsto un vehículo cerca o haber concertado que nos recojan. Esta opción alargaría 1'5 km la ruta hasta la carretera y 1 km más hasta la cercana Venta del Pino.










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(1) "Al dejar Beas, donde residían las monjas, por tener que regentar El Calvario, la priora Ana de Jesús se había sentido muy ofendida porque Juan se había referido a la Madre Teresa como muy su hija, lo que, viniendo de un joven, parecía bordear la impertinencia o incluso la falta de respeto, según modales de la época." San Juan de la cruz en tierras de Jaén. Dámaso Chicharro. Universidad de Jaén. 2013. p 68.

(2) San Juan de la Cruz. Gerald Brenan. Plaza y Janes editores. 2001. p. 68.

(3) San Juan de la Cruz. Gerald Brenan. Plaza y Janes editores. 2001. p. 69.




RUTA 1 ETAPA 3: VILCHES - ARQUILLOS




DE ÍBEROS, ROMANOS, MOROS Y CRISTIANOS. ENTRE JARABANCIL Y LOS DONCELES




Si tras la llegada a Vilches, hemos aceptado la sugerencia de contemplar la panorámica que nos ofrece el cerro del castillo, a través de la derivación propuesta (R1D1), el esfuerzo realizado no habrá sido en vano, además del magnifico panorama, no habrá pasado desapercibido al andariego que, hacia saliente, se abren unos extensos y fértiles valles, actualmente ocupados por sendos embalses pertenecientes a las cuencas del río Guadalén, el más cercano, y al Guadalimar, el más distante.


Vilches. Ermita de Nuestra Señora del Castillo

Vilches desde el cerro del Castillo

Vilches. Panorámica hacia el E desde el cerro del Castillo. Embalse del río Guadalén

En la antigüedad, ambos valles, estuvieron netamente ocupados por asentamientos ibero-romanos. Numerosos vestigios existentes en las orillas, y otros que han quedado sumergidos en el fondo, lo atestiguan. Más tarde, durante la etapa tardía de ocupación árabe, se convirtió en tierra fronteriza, delatándolo la gran cantidad de castillos y defensas que aún se mantienen en pie. La permanencia de la ocupación humana en el terreno se extendió hasta el medievo, favorecido por la existencia en la zona de importantes vías de comunicación entre Andalucía, Castilla y Levante. Acabada la etapa histórica de tierra de frontera entre los mundos musulmán y cristiano, el territorio comienza a repoblarse y a contar con población estable que, en muchos casos, aprovechó lo dejado por civilizaciones anteriores. Villas romanas, oppidum íberos, castillos y atalayas musulmanas, casas cueva y oratorios visigodos, son testigos del pasado de nuestras actuales poblaciones.



Si bien, el origen de Vilches, la localidad de partida, se pierde en el tiempo, por el contrario emergen nuevos asentamientos en la zona promovidos por la administración, como es el caso de Arquillos y su pedanía El Porrosillo, que nacen del proyecto ilustrado de la creación las nuevas poblaciones de Sierra Morena. En este caso, nuestro destino, Arquillos se traza en las proximidades de un antiguo asentamiento, el actualmente conocido como Arquillos el viejo que creció junto a la ancestral y conocidísima Venta de los Arquillos, de donde tomo su nombre. Esta venta, estratégicamente situada, era paso y parada obligada en el Camino Real de Toledo (capital del Reino de Castilla) a Granada (última adhesión peninsular al Reino) y de la vía Heraclea o Augusta, también conocida como Camino de Aníbal, o camino de Levante, que se extendería desde Cádiz a la vieja Roma pasando por la cercana Cástulo. Personajes y viajeros han dejado testimonio escrito o gráfico de su existencia, Cristóbal Colón, Santa Teresa de Jesús y Cosme de Medici y su acompañante, el ilustrador Pier María Baldi, pasaron y/o se alojaron en esta importante y concurrida venta.



Desgraciadamente, desde nuestro lugar de origen, Vilches, no podremos visitar este estratégico enclave, ya que el camino que los conectaba se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse del río Guadalén. Tendremos que usar otras alternativas para alcanzar nuestro destino en la localidad de Arquillos. Necesariamente, tendremos que abandonar el antiguo ramal que cruzaría el embalse en el punto donde la zona comienza a ser inundable, y dirigirnos por caminos más recientes, conociendo viejos cortijos agrícolas, alguno de ellos de empaque, y todo, en el espacioso valle custodiado por la mole montañosa de Jarabancíl junto a Vilches, y la loma de los Donceles que saluda el amanecer de los arquilleros.



¿Y nuestro protagonista? ¿Qué es de él y su compañía? Pues estimo que, con toda probabilidad, nuestro “medio fraile” y sus dos acompañantes, realizarían del tirón el trayecto desde La Peñuela a la Venta de los Arquillos en una jornada. Tal vez se detuviera, sin entrar en la población de Vilches, a echar un rezo en la ermita de San Gregorio y un trago de agua en el pilar de la Ventanilla, continuando por la calle mesones su camino. Aunque ya por estas tierras sería poco conocido, sabemos que llevaba prisa por llegar a su destino y cuanto menos se le viera, mejor. Nosotros no podemos perder la oportunidad de entrar y visitar esta entrañable y asombrosa localidad, castellana y moruna, de increíble geografía y de inolvidables panorámicas.


Vilches. Casas colgantes  hacia la Canaleja.

Vilches. Población y cerro de San Sebastián (antenas). Al fondo cerro Mortero

LA RUTA


Iniciamos la jornada donde la dejamos el día anterior, en la plaza de la Iglesia de San Miguel, centro neurálgico de la localidad. Dado que el trazado de hoy es cómodo, tanto en distancia como en desnivel, podemos aprovechar, bien la tarde anterior, bien las primeras horas de la mañana, para realizar la derivación propuesta (R1D1), la subida a la ermita de Ntra. Sra. del Castillo y visita a las casas cueva que, en la actualidad, se encuentra señalizado como sendero local.


Vilches. Panel de inicio del sendero de cerro del Castillo

Vilches. Acceso al castillo. Puente de los Moros.

Vilches. Bajada del cerro del Castillo. Al fondo cerro Jarabancíl.

Nosotros, desde la plaza Mayor (wp 01) nos dirigimos al frente hasta alcanzar La Corredera (wp 02), transversal con esta, donde giraremos a la derecha. Avanzaremos por esta calle principal del añejo Vilches que nos irá sacando a las afueras. Justo donde termina una valla quitamiedos que nos acompañará por la izquierda acaba el asfalto y tendremos que girar 180 grados (wp 03) para tomar el camino que desciende decididamente por entre antiguas viviendas-cueva horadadas en la roca y el cuidado pilar de la Canaleja que nos despedirá de este bonito pueblo de cerros. Continuamos por este camino estrecho que pronto se unirá a otro de tierra, más ancho y transitable para vehículos (wp 04), aquí es donde abordamos el tramo que viene de la calle Mesones, se separó en el cruce de cuatro caminos para rodear el pueblo por la izquierda. Seguiremos entre olivos hasta llegar a una clara bifurcación (wp 05), por la derecha, el camino Real que se dirigía a Baeza y Úbeda, por la izquierda, el que ahora seguiremos, la variante que conectaba con el camino del levante, la antigua vía Augusta a la altura de la venta de los Arquillos.


Vilches. Iglesia de San Miguel

Vilches. Calle Corredera.

Vilches. La Canaleja

Vilches. Salida de la población por La Canaleja

Vilches. Zona de las cuevas y pilar de La Canaleja

Tras la bifurcación, seguiremos, ignorando una clara desviación que sale por la izquierda, hasta llegar a la zona inundable (wp 06) que reconoceremos por el tipo de vegetación que a partir de aquí se nos presenta. No podremos continuar de frente ya que nos introduciríamos en aguas del embalse, si pudiéramos hacerlo, saldríamos por la otra orilla directamente a la venta de Los Arquillos. Por tanto, tomaremos un camino agrícola que nos permite, continuar por la izquierda, se encuentra bien perfilado e irá jugando con la orilla inundable en todo momento.





Recorrido un trecho pasaremos junto a un cortijo en uso (wp 07) y cruzaremos un bonito pinar, a la salida de este, por la izquierda nos saluda el viejo cortijo de Juanillo Reyes (wp 09), por aquí si hubiera buen año de aguas, el camino rozaría el nivel del embalse. Pronto nos toparemos con otra edificación, el cortijo de San Alejo (wp 10), una importante explotación agrícola en su tiempo y ahora pura ruina. Seguiremos jugueteando con la orilla del embalse para volver a introducirnos en el olivar y salir a la carretera A-301 (wp 12). En este punto y durante el tramo de carretera que llevaremos, debemos extremar la precaución debido al trafico que soporta.


Vilches. Cortijo de San Alejo

Vilches. Cortijo de San Alejo

Vilches. Cortijo de San Alejo

Alcanzamos el largo viaducto de los 18 arcos que cruza el embalse del Guadalén (wp 14), construido en los años cincuenta del siglo pasado, ya que el anterior quedó sumergido por el embalse aguas abajo. Una vez atravesado, podemos orillarnos al antiguo trazado de la carretera, por donde caminaremos más cómodamente, lo haremos durante aproximadamente quinientos metros hasta llegar a un pequeño cortijo (wp 15) donde arranca el camino que nos llevará a Arquillos (wp 16).


Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos

Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos

Embalse del río Guadalén. Puente de los 18 ojos

Este camino, antigua línea divisoria de suertes de la época de colonización, nos conduce en línea recta a nuestro destino, confluyendo al final del mismo y tras pasar junto al cementerio municipal, con el que se dirige a la pedanía de El Porrosillo (wp 18). Entraremos a la localidad de Arquillos frente a la torre del reloj, curiosa edificación que adorna la plaza del mismo nombre y por fin daremos por finalizada la jornada en la plaza de la Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción flanqueada por las sobrias casas del cura y del comandante que datan del siglo XVIII, de la época de la fundación.


Arquillos. Torre del reloj.

Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción flanqueadas por las casa del Cura y Comandante

Arquillos. Iglesia de la Inmaculada Concepción

















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RUTA 1 ETAPA 2: LA CAROLINA - VILCHES




DE SIERRA MORENA AL CONDADO





Poco reposo tuvo, en esta ocasión, nuestro frailecico en La Peñuela. Era su primera visita y, tras arribar posiblemente un 18 de octubre,  puede que dedicara entre uno y tres días al descanso en aquél desierto serreño. A pesar de la debilidad que arrastraba de su cautiverio en la cárcel de Toledo, tenía empleo que cumplir y su condición inquieta le empujaba a partir presto a su destino, allá por la Sierra de Segura.


La Carolina. Ermita - Oratorio de la Peñuela

Se despide del padre Francisco de la Concepción, de los frailes de La Peñuela y, acompañado de los dos criados de don Pedro de Mendoza, enfila el Camino Real de Toledo a Granada con dirección a la población de Vilches, debiendo salvar la depresión del río Guarrizas en el trayecto.




Vilches, puerta de la comarca del Condado, encajada entre cerros protectores, alguno de curiosa e inconfundible morfología desde la lejanía, como el cerro Mortero, cuenta con una rica y antigua historia de asentamientos, desde los lejanos íbero-romanos y medievales de Giribaile, a los secundarios a la batalla de las Navas de Tolosa.


Vilches. Cerro del Mortero

Visita obligada en la ruta de castillos y con la mayor costa interior de España, cuenta con un asombroso tesoro etnográfico, las viviendas cueva excavadas en diferentes lugares de su territorio, además, representa una asombrosa atalaya desde donde se divisan los valles del Guadalén, Guadalimar y Guarrizas, hoy convertidos en mares interiores. Por ello, es imprescindible en nuestro paso por Vilches, otear desde el cerro del Castillo, junto a la ermita de la Virgen del mismo nombre. Un atardecer desde este punto es impagable.


Vilches. Panorámica desde el cerro de el Castillo

Vilches desde el cerro de el Castillo

Vilches. Casas-Cueva

El camino hacia Vilches, lo tendremos que realizar casi íntegramente por lo que fue Camino Real, arreglado y reconvertido en carretera cuando había que traer a los viajeros nobles y burgueses, desde la estación del ferrocarril de Vilches, al balneario de La Aliseda. Cualquier otra opción es inviable, por el cercado de las fincas particulares y la existencia del embalse de la Fernandina, que obliga a confluir en el único viaducto que lo salva. Adicionalmente, dado que es la entrada y salida desde la comarca de El Condado a la autovía A4, soporta una importante carga de tráfico rodado, por lo que es imprescindible tomar todas las precauciones para circular, en muchas ocasiones, por un insuficiente arcén.


Carretera de La Carolina a Vilches

El recorrido tiene dos partes bien diferenciadas, un descenso desde La Carolina buscando el río Guarrizas, y tras cruzarlo por el moderno viaducto, un tramo ascendente hasta la población de Vilches. Todo el trayecto que recorreremos es zona adehesada, de bosque mediterráneo donde se ha instalado con éxito la repoblación de lince ibérico.


Paisaje adehesado

LA RUTA

Iniciamos el camino en la ermita de La Peñuela (wp 01), en la Real Carolina, un paraje que, aunque ahora se encuentra completamente urbanizado, aún conserva el ambiente rural de antaño. Un lugar tan pequeño y humilde conserva numerosos secretos, desde ser el primitivo oratorio donde aquellos ermitaños adoptaron las consignas del Monte Carmelo, de guardar una secreta cripta bajo el subsuelo de origen y uso incierto, haber servido su entorno de primitivo cementerio municipal y ser el lugar donde se sitúa aquél hecho extraordinario, considerado milagro por algunos, de la bilocación del fraile inmediata a su muerte en Úbeda.


Inicio: Ermita de La Peñuela

Encaramos la cuesta del paseo que nos lleva a la calle Peñuelas (wp 02) donde, hasta no hace mucho, eran reconocibles las celdas conventuales de los frailes y arcos del convento carmelita. Dejamos la estrecha calle para entrar en la plaza de la Iglesia, dominada por la parroquia de la Inmaculada Concepción (wp 03), patrona de La Carolina y de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Junto a esta, el ostentoso palacio del Intendente, construido a costa de parte del convento Carmelita, cuando Olavide, su promotor y primer inquilino, consideró que lo necesitaba para su proyecto ilustrado, buscándole a los frailes otro destino, el abandonado convento franciscano de Cazorla un 14 de agosto de 1768.1


La Carolina. Iglesia de la Inmaculada Concepción y palacio del Intendente

De aquí, bajaremos por la señorial calle Jardines, desembocando en la amplia y geométrica y en la actualidad decadente, plaza del Ayuntamiento. Siguiendo de frente, por la calle Real (alegoría referente al camino que por aquí discurría), alcanzaremos el entrañable paseo del Molino de Viento, cruzando la otrora concurrida plaza de España.


La Carolina. Calle Jardines

La Carolina. Calle Jardines. Detalle de una de las viviendas-palacio

Concluido el largo paseo, que finaliza en el recinto de la piscina municipal, construida en la concurrida explanada de la música, lugar de expansión de la población y donde existió un bonito y artesanal pabellón para los frecuentes conciertos que se daban por entonces por la banda municipal de música. Rodearemos el recinto por la izquierda y saldremos a la antigua carretera nacional, giramos a la izquierda (wp 04) hasta llegar a una de las rotondas de entrada a la población que nos enfilará, por la derecha, a tomar el camino de Vilches.


La Carolina. Paseo del Molino de Viento

La Carolina. Imagen antigua del paseo del Molino de Viento desde el pabellón musical (desaparecido)

La Carolina. Explanada y pabellón musical.

La Carolina. Rotonda de salida hacia Vilches

Descendemos por la conocida localmente como cuesta de los bidones, hasta confluir con el tramo de carretera, antiguo camino Real, que parte de la pedanía de las Navas de Tolosa (wp 05), antigua venta de Linares, y se dirige, atravesando la comarca de El Condado, camino de Beas de Segura. El cansino asfalto afea el camino aunque compensa, en épocas de lluvia, con tramos deliciosos de dehesa que luce de verde pradera en primavera y de amarillo oro en otoño tardío. Avanzamos por el paraje de la dehesilla hasta confluir, por la derecha, con una intersección por donde se iba uno de los ramales del camino de Granada, conocido como el camino de la Venta del Catalán, que pasaba por la localidad de Linares. Nos encontramos frente a una pequeña y malograda aldea de la colonización conocida como Seis Casas, tapada por la colina que tenemos frente nosotros.


Típico cortijo de la dehesa

Seguimos avanzando entre dehesa y llegamos al río Guarrizas, convertido actualmente en un importante embalse de la cabecera del Guadalquivir, nos dirigimos inexorablemente al puente, único paso a la otra orilla y con una curiosa toponimia, pues es conocido como río Vilches o como puente de La Carolina, según en la orilla en la que nos situemos. Cruzaremos el viaducto por la zona peatonal existente junto a la baranda (wp 08). El vado medieval se encontraba unos metros más arriba, por encima de la vieja presa de Panzacola que solo emerge en años de sequía.


Primer avistamiento del embalse de La Fernandina

Viaducto sobre el embalse de La Fernandina

Dejando el puente atrás, comenzamos un continuado ascenso, dejando atrás una bonita panorámica del embalse. Llegamos a una bifurcación, nos encontramos en el monte público de La Zarzuela, donde existe un área de descanso (cerrada en periodo estival) (wp 09). Aquí tomaremos el camino de la derecha, el antiguo trazado de la carretera que se dirige a la localidad de Vilches y que tras una breve subida nos regalará una amplia y maravillosa panorámica de nuestro destino.


Embalse de La Fernandina

Área recreativa de La Zarzuela


Solo nos quedará completar la larga recta de El Campillo para llegar a la zona de la estación del ferrocarril (wp 10) y, desde aquí, atravesar la creciente parte nueva de la población que nos llevará sin pérdida, por la calle Real, en constante ascenso, con la inmutable vigilancia del castillo-ermita, hasta la plaza de la Iglesia de San Miguel donde daremos por concluida esta etapa (wp 11). En este punto, tendremos la referencia de salida de la siguiente jornada y de la derivación propuesta a la ermita de Nuestra Señora del Castillo.



Vilches

Vilches. Plaza de la Iglesia de San Miguel. Fin de etapa










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(1) Dependencia inicial del convento carmelita de Cazorla con las poblaciones de Sierra Morena y bienes carmelitas de La Peñuela. Carlos Sánchez-Batalla Martínez. Programa de festejos de San Juan de la Cruz 1994.